Camino despacio,
cabizbajo,
con las manos en los bolsillos,
pero no estoy triste.
Es tan solo que mi alma se resiste
a dejar de ser niño.
Y camino por los pasillos
de la Navidad comercial
sin decidir entre cuál
de estas cosas hermosas
voy a empezar a cantar.
Si del frío que cala los huesos
o de los sabuesos
que buscan la bondad.
O de las abuelas tenebrosas
qué aún cubren el suelo de rosas
para disfrazar su soledad.
Pero hoy decido ser yo
aquel soñador eterno
que siempre ha sido tu tierno
niño de la Navidad.
Poesía y Fotografía