Cómo Colombiana y tener la fortuna de tener básicamente verano todo el año, nunca había tenido la oportunidad de ver nieve hasta mis 20 años. Cuando era niña siempre veía películas y me imaginaba lo divertido y lindo que sería, hacer esos famosos muñecos de nieve, jugar a la guerra de bolas de nieve y la infinidad de cosas que se pueden hacer en el invierno.
En mi viaje a Suiza, hace un año, tuve la fortuna de presenciar la mágica caída de nieve, ver esos pequeños cúmulos de hielo me hacían sentir como una pequeña niña, sentía como si estuviera en una de esas típicas películas de Navidad. Los techos, las calles era sorprendentemente blancas, se veía como una pintura, aunque el frío era de muerte, mi corazón se sentía agradecido por haber conocido lo que hacía tanto tiempo soñaba conocer.
Recuerdo uno de esos días que nunca se olvidan, caminaba junto a mi novio una montaña que estaba totalmente blanca, era maravillosa la sensación de estar entre esa magnitud de belleza de la naturaleza que nos rodeaba, estar entre esos Alpes suizos, ser un pequeño puntito y sentir como desconocido era todo eso para mí, después de caminar por unos minutos sentía un calor que me sofocaba, llevaba puesta toda la ropa de invierno que se puedan imaginar (pues como buena Colombiana el frío absolutamente no es lo mío). No soportaba más, el calor era insoportable así que me quité todo y para mí sorpresa no hacía frío... Mi cara solo fue de ¿Cómo que estoy en medio de toda esta nieve, no llevar nada puesto y tener calor? (Esta fue mi cara)
Después de tener esa fascinante experiencia, podía vivir en paz conmigo misma y reconocer que aunque la nieve es hermosa, y los paisajes que se ven en el invierno son mágicos me quedo con el verano. ¡Odio el frío! Haha