Todavía me acuerdo del día que me nombraron mejor briger del año y me entregaron la barra de honor. Si les soy sincera, en ese momento ni me lo creía del todo.
Primero que nada, le agradezco a Dios por darme la salud, las fuerzas y la guía en cada paso, porque sin Él nada de esto sería posible.
Los que se dedican a esto o me conocen de cerca saben que no es algo que pase de la noche a la mañana. Detrás de ese momento hay un montón de horas de trabajo, días donde las cosas no salen a la primera, aprender sobre la marcha y ponerle bastante corazón a cada detalle.
Quería compartirlo por aquí porque este tipo de cosas te recuerdan que el esfuerzo diario vale la pena. Tampoco habría sido lo mismo sin el apoyo de mi gente y de todos los que de una u otra forma me han demostrado su respaldo.
Ganar la barra de honor estuvo increíble, pero más allá del reconocimiento, me quedo con la satisfacción de ver los frutos de tanto trabajo y las ganas de seguir haciendo las cosas bien.
¡Gracias a Dios y a todos los que han formado parte de esto! Seguimos adelante