La chica seguía inconsciente mientras que con un marcador dibujaba el contorno de su rostro. Era tan parecida a ella, su nariz perfilada y sus delicados labios. Sentí ganas de besarla, pero me contuve, no podía perder tiempo.
Su piel tersa y lozana brillaba bajo la luz de la lámpara, estaba seguro que quedaría perfecta y ella estaría feliz. ¡Oh mi preciosa Katerine! Cuanta falta me haces.
La chica había comenzado a despertarse, en poco tiempo estaría completamente consciente, así que tenía que darme prisa. Mientras terminaba de añadir los últimos detalles, ella abrió los ojos. Sus pupilas se ensancharon y sentí que se le iban a salir los ojos de las cuencas. Ella me reconoció.
El miedo se reflejó en su cara, mientras intentaba comprender lo que estaba sucediendo. Me miró fijamente y sus ojos se empañaron, si no hacía algo rápido comenzaría a llorar y entonces lo arruinaría todo.
Intenté arrullarla, tal como Katerine lo hacía conmigo, pero no era capaz de borrar la expresión de horror de sus ojos. Esos estúpidos y castaños ojos que acababan con su perfecta imagen. No podía soportar verla más. ¡Detente! Grité. ̶ No puedo trabajar si sigues comportándote como una loca. ̶
Ella comenzaba a agitarse sobre la mesa quirúrgica, causándose moretones en las muñecas por los amarres. Así que no tuve más opción que hacerlo. Tomé un martillo y le quebré los dedos de la mano derecha. Ella chilló de dolor y estuvo a punto de perder la consciencia de nuevo, pero luchó por mantenerse despierta.
̶ ¿Te ha quedado claro? ¿Serás obediente ahora? ̶ Le dije. Tomé su mirada pasiva como respuesta. ̶ Verdaderamente lo siento, pero esto lo provocaste tú, yo te lo advertí. ̶ Agregué. La chica continuó mirándome mientras retomé el trabajo. Necesitaba esterilizar todo antes de iniciar el procedimiento. ̶ ¿Por qué? ̶ Preguntó.
̶ ¿Por qué? ̶ Repetí. ̶ Te diré porque. ¿Has amado a alguien profundamente? ¿Has sentido como tu corazón se rompe cuando la vida te arrebata lo más importante para ti? Seguramente no. ¡Tú no sabes nada del amor!
Katerine era tan hermosa, su cabello rubio brillaba bajo el sol como si de finos hilos de oro se tratara. Y su piel, tan suave como el algodón, hacía que con cada roce los mismos ángeles entonaran preciosas canciones. Su voz sigue en mi memoria diciéndome que me ama, pidiéndome que la ayude.
Katerine amaba los caballos y en nuestro primer aniversario la sorprendí regalándole un potro blanco, era un hermoso ejemplar. Su rostro reflejaba la felicidad absoluta, finalmente tenía lo que tanto quería. Pero, un juego del destino me alejó de ella para siempre.
Mientras trabajaba, Katerine había entrado al establo del caballo y ansiosa por montarlo no había tomado en cuenta mis recomendaciones. El caballo no tenía ningún tipo de adiestramiento y al verla se sobresaltó, golpeando con sus dos patas delanteras su hermoso rostro, desfigurándolo y arrancándole la vida.
Por años me sentí culpable por lo que le sucedió, pero ahora he encontrado la forma de reparar mi error y lo haré.
Siéntete orgullosa, tu vida servirá para un propósito mayor, más noble. Ya casi he terminado de construir su cuerpo, sólo me falta un detalle y ese tú me lo darás.
Mi hermosa Katerine por fin estará completa y podremos volver a ser tan felices. Ahora, si no te molesta, tengo un procedimiento que hacer. Intenta no moverte.
Tomé el bisturí entre mis manos y apliqué el procedimiento que ya antes tantas veces había realizado. Su hermoso rostro ya no estaría destrozado.