Un año, dos meses y tres días, un año, dos meses y tres días pasaron desde el día que cambió mi vida para siempre, todos mis allegados que conocen este evento ya no están en mi vida, se alejaron, y lo peor es que los entiendo.
El evento al que me refiero ocurrió una noche que manejaba de Buenos Aires a Córdoba cuando volvía a casa en uno de mis viajes habituales de negocio. Dejé a mi esposa, la Poci, en cama con fiebre cuando partí para Buenos Aires el día anterior. Cuatro horas adentradas en el aburrido viaje y, después de escuchar por tercera vez consecutiva el cassette “¿Y por qué un final?” de Larralde, decidí llamarla para ver cómo seguía. La Poci ya se había levantado y estaba comiendo, me quedé tranquilo que ya andaba mejor, le avisé que en unas cuatro horas más iba a llegar a casa y que iba a cocinarle la cena para que ella pueda descansar por la noche.
Cuando abro la puerta de casa veo a la Poci mirándome fijamente y no respondiendo a mi saludo, le pregunto --¿qué te pasa?, --sos un mentiroso- respondió, --cuando me llamaste me dijiste que estabas saliendo de Rosario y que ibas a llegar a casa en cuatro horas, ¡eso fue hace cuarenta minutos! ¿A dónde estuviste?--. En el segundo que demoré en levantar el brazo izquierdo y mirar el reloj, mi corazón se congeló, sabía que algo estaba mal y que no era una broma de Poci, pero tenía que confirmarlo con evidencia. Miro mi reloj y hacía 30 minutos estaba en Rosario. En ese momento un dolor intenso recorrió todo mi cuerpo, ese mismo dolor que uno siente cuando hace ejercicio luego de muchos años de sedentarismo, o como cuando uno recibe una gran paliza.
Poci me contó que me senté en el sillón mirando el suelo sin hablar por un largo rato. Ella pensó que descubrió una infidelidad y mientras me preguntaba y repreguntaba --¿quién es la otra?-- yo comencé a recordar estar en la ruta saliendo de Rosario cuando vi una luz triangular pequeña en el horizonte, que en cuestión de pocos segundos se hizo tan grande e intensa que me dejó ciego, desde ese momento mi memoria se desvanece junto a mi conciencia, no recuerdo nada. Mientras seguía sentado en el sillón repasé este recuerdo de la luz, que volvió junto con un intenso dolor que se mantuvo por tres días consecutivos. Repasé mis memorias una y otra vez, y no recuerdo que pasó luego de entrar en la luz.
Yo no soy mucho de ir a al doctor, pero después de casi dos meses sin poder dormir, con mi vida en una quietud inmutable estancada en ese evento y repasando cada minuto de vigilia los detalles de esa noche, me decidí por ir al médico que inmediatamente me recetó pastillas para dormir, luego de explicarme que lo que tuve mientras manejaba fue “una parálisis de sueño”.
A veces la vida te caga y esta es una de esas veces. Mis amigos me empezaron a evitar, yo los entiendo, nadie quiere juntarse con el retardado que cree en extraterrestres. En menos de dos meses mi mujer me dejó insistiendo que yo tenía una amante y que no había otra forma de explicar lo sucedido, al mes me enteré que puso la casa en venta y se mudó a la casa de mi mejor amigo.
¡Los aliens son todos putos!