Hola, hola, hola.
Cómo están.
A mi lo que me gusta es la mecánica. Pero no soy mecánico. Mis padres dijeron que las tuercas y la grasa y los carros no eran para mi. Pero me gusta la mecánica. Doy el paso a emprender o qué o qué...
Eso me preguntaba yo, en mi casa, con un vaso de agua porque el café ya se acabó, viendo cómo el ventilador no daba más y los niños preguntando qué hay de comer.
Porque vivo en Cuba y aquí las cosas no son fáciles. Tengo 42 años, dos niños que me salen más caros que un motor V8, y no terminé el preuniversitario porque en aquel tiempo no había plata ni para los lápices, y porque además, ¿pa' qué? Si lo que a mí me llamaba era el ruido de un motor, no el de un salón de clases.
Pero miren, aquí estoy, en esta comunidad, que ni sé bien qué es, pero alguien me dijo (que no digo su nombre porque es más tímida que yo) que aquí hay gente que sabe de emprender, que hablan de estas cosas raras que llaman Hive y criptomonedas, que yo no entiendo ni papa. Lo único que sé es que suena a futuro, y el futuro da miedo, pero el presente da más miedo todavía cuando no tienes ni pa'l pan.
Yo soy un tipo bruto, de esos que no leo instrucciones, aprendí los golpes, prefiero una llave inglesa a un teclado. Me gusta bailar salsa y cuando suena Arjona -ese man que parece que escribe canciones pa' mi vida-, todo tiene sentido. O eso creo.
También me gusta el chocolate, me vuelve loco, aunque aquí es un lujo. Pero soy amigo de los amigos, de esos que si un alguien tiene un problema con el carro, yo voy aunque no tenga gasolina, aunque tenga que caminar, aunque no me paguen. Porque la vida me enseñó que uno no es más que lo que da, no lo que tiene.
Pero esto de las redes sociales no es lo mío. Yo no sé de TikTok ni de Instagram ni de nada de eso. Mi teléfono es de esos que solo sirven pa' llamar y pa' que los niños jueguen. Y ahora una amiga me embulla a venir aquí, que es una comunidad virtual, que tengo que publicar, que tengo que tener una billetera digital. Yo ni billetera de cuero tengo, imagínense digital. Pero aquí estoy, porque el hambre de salir adelante es más grande que mi ignorancia.
Ustedes me preguntarán: "¿y qué hace un mecánico sin taller, sin herramientas, sin clientes, en Cuba, con dos niños, en una plataforma que no entiende?" Y yo les digo: lo mismo que hace un motor sin gasolina. Nada. Pero con una chispa, arranca.
Y yo tengo la chispa. La tengo porque no puedo dejar que mis hijos crezcan viendo que su papá no echó palante. Cuando mi hija me dice "papá, quiero ser ingeniera", yo quiero poder decirle "pues yo te ayudo, que no sé de ingeniería pero sé de no rendirme". La tengo porque cuando suena una canción de Arjona en la radio vieja que tenemos, y me pongo a bailar salsa con mi mujer en la sala, siento que hay algo más que este maldito bloqueo, que esta vida dura, que estos apagones.
Ustedes hablan de inversiones, de rendimientos, de tokens. Yo hablo de invertir mi tiempo en aprender. De rendirle cuentas a mis hijos. De dar un toquen de esperanza a mi familia. Emprender es sobrevivir con dignidad.
Yo sé que aquí hay gente que ya tiene experiencia, que ya sabe moverse en esto de las cripto, que tiene contactos, que tiene plata. Y yo no tengo nada de eso. Pero tengo dos manos que saben apretar tuercas y un corazón que no sabe rendirse. Y si alguien en esta comunidad necesita un mecánico en Cuba, que sepa que hay un tipo de 42 años, bruto, que no entiende de redes, pero que entiende de motores y de personas. Y quiere aprender más y me todos los días. Vine por eso aquí.
Y si me preguntan qué quiero, les digo: quiero aprender. Quiero que alguien me explique esto de la blockchain como si estuviera explicando un carburador. Pieza por pieza. Sin prisas. Sin palabras rimbombantes. Porque yo aprendo haciendo, y leyendo. Y si alguien me dice "publiquen esto", pues yo publicaré, aunque me tome una hora escribir dos líneas. Y si alguien me dice "ponle aquí tu billetera", buscaré a mi sobrino que sabe de computadoras pa' que me ayude.
Porque el que no sabe, pregunta. Y el que no pregunta, se queda sin saber. Y el que se queda sin saber, se queda sin avanzar. Y yo ya no quiero estar quieto. Ya me cansé de estar quieto.
Porque el que no sabe, pregunta. Y yo pregunté. Pregunté hasta que me dolió la garganta y el orgullo se me hizo trizas. Pregunté frente a motores que no querían prender, frente a ruidos que nadie podía descifrar, frente a clientes que me miraban las manos con desconfianza. Pregunté aunque me sintiera menos. Y por eso hoy sé lo que sé.
Y el que no pregunta, se queda sin saber. Y yo conocí a muchos así. Compañeros que prefirieron callar antes que parecer tontos. Gente que lleva años en el mismo hoyo, con la misma excusa, con la misma queja. Yo no. Yo metí las manos hasta los codos en grasa, me quemé la piel con el soldador, me levanté cuando todos dormían para desarmar una pieza y volverla a armar hasta que entendí cómo funcionaba. Cada error me dejó más que cualquier curso pagado.
Y el que se queda sin saber, se queda sin avanzar. Y vi cómo la vida se les fue a otros en la monotonía. Los que cumplen años pero no cumplen sueños. Los que le echan la culpa al país, a la edad, a la mala suerte. Pero yo ya no quiero ser uno de esos. Ya no quiero mirar para el lado y envidiarlo. Ya no quiero llegar a los 50 pensando "¿y si lo hubiera intentado?".
Por eso ya no quiero estar quieto. Me cansé de estar quieto.
Así que aquí estoy. Con mis 42 años, que no son freno, son piso firme. Con mis dos niños que me ven llegar sucio de grasa y me abrazan igual. Con mi gusto por el chocolate, ese que me como a escondidas cuando el día pesa. Con mi amor por Arjona y la salsa, que me recuerdan que la vida duele pero baila. Con mis amigos de los que duran, los que no me sueltan aunque no entiendan bien mi obsesión por los motores.
Y con mi ignorancia digital, que duele reconocerla pero ahí está. No sé de algoritmos, ni de páginas web, ni de cómo vender por Instagram. Pero sé una cosa: sé preguntar. Y voy a preguntar hasta que aprenda. Porque el que pregunta, aprende. Y el que aprende, avanza.
Y tengo un sueño. Un taller. No uno bonito ni moderno. Uno mío. Con piso de cemento, con mis herramientas ordenadas, con un letrero que diga mi nombre. Donde mis clientes lleguen porque confían, no porque soy barato. Donde pueda llevar a mis hijos después de la escuela y que vean a su papá siendo dueño de su tiempo. Donde al final del día, apague la luz, cierre la puerta con llave, y pueda decir en voz alta:
"Esto es mío. Esto lo construí yo".
Y va a pasar. No porque sea fácil. Va a haber días donde no tenga cliente, donde la deuda apriete, donde quiera tirar la toalla y volver a lo de siempre. Pero entonces voy a recordar esto que estoy escribiendo hoy. Y voy a poner salsa a todo volumen. Y voy a comerme un chocolate. Y voy a abrazar a mis hijos. Y voy a seguir.
Porque ya no quiero estar quieto.
Ya me cansé de estar quieto.
Y cuando llegue ese día, no voy a olvidar que empecé aquí, en una comunidad que no entendía, con gente que no conocía, hablando de cosas que me sonaban a chino. Hasta el motor más complicado se desarma pieza por pieza. Y yo estoy listo para desarmar esto, aprenderlo, y armarlo a mi manera.
Porque mientras haya movimiento, hay vida. Y mientras haya vida, hay oportunidad.
Gracias por leer a este bruto. Y si alguien me quiere enseñar cómo funciona esto de Hive, que me hable como si estuviera explicando un motor. Lento, claro, y con dibujitos si es posible. Lo voy a agradecer.
Gracias ya los quiero y los voy a querer siempre por leerme.
https://unsplash.com/es/fotos/foto-en-escala-de-grises-de-una-persona-tocando-el-piano-Fd6osyVbtG4
Esto lo escribí yo la foto l tomé de ese lugar que dice ahí.
Los saluda
elmecanico