Alguien debería tocarme para sentir que estoy vivo,
que soy
una estaca atravesada por la sangre, y de ella revientan
por ejemplo: ascuas. Esto es una fábrica de demencia:
palabras
donde se maniobra la púrpura, donde
el aroma que mata asciende de jardines construidos
levemente
en la oscuridad. Y una imagen cierra
todo lo que se cierra: cuartos,
días sobre sí mismos, las frutas redondas por virtud
de su dulzura interna. Cuando las voces
feroces se desencovan, la tierra
se mueve como un músculo encharcado entre la boca
y el corazón que no duerme
nunca. - Y todas mis vísceras son
inocentes.
(Herberto Hélder)
Foto: Bruno Barbey