Me encanta acompañar a mi hija a sus viajes de trabajo, me permiten conocer otros lugares alejados de Madrid que me serían difíciles de llegar sin compañía. Lo malo es su horario sus turnos en la supervisión del ferrocarril son de noche, así que se supone duerme en el día y elabora informes, planes y recursos, bueno así debería ser. Pero me llevo a conocer zonas de playa y de arqueología entre Salou y Tarragona.
Salou es la capital turística de la costa dorada, provincia de Tarragona, extensas playas de arena fina y atardeceres espectaculares que no pude atrapar por ser la hora de ir a trabajar de mi hija, ustedes entienden.
Disfruto estos espacios nuevos que huelen a mar y me recuerdan mi Venezuela, que cada día está más cerca.
Luego otro espacio para descubrir lo antíguo del mundo y aún así nosotros somos los recientes.
No sabía para donde iba, aunque mi hija me había dicho el nombre simplemente no los tengo en la mente, no los conozco, pero a la final se vuelven familiares.
La verdad para recorrer un país se necesita tiempo y dinero. Pero es lógico que te cobren una entrada por visitar estos lugares, sino como los mantienen con todos los servicios que te brindan y lo bien cuidados que están.
Como siempre atrapando jardines y flores dentro de la roca fría e inerte, la naturaleza surge donde sea.
Disfruto mirar estos espacios de piedra que alguna vez fueron vida y hogar de alguien, hoy visitado por extraños que urgan entre sus paredes con ojos nuevos.
Lugares talvez de diversión y encuentros, buenos o malos sus destinos, nos dejan saber de su paso por la vida.
Detalles de construcción todavía no superados y estudiados, soportan el viento inclemente de la costa brava.
Tarragona tiene imponentes monumentos romanos, muchos rincones naturales.
Pero hay mitos ocultos como toda ciudad pasado de generación en generación. El fantasma de la Casa Castellarnau con la leyenda del espíritu de su antiguo señor, el aroma misterioso a chocolate por la noche en la calle Mayor sin saber de dónde viene y una catedral inacabada debido a la peste negra dejando la obra sin terminar en algunas fachadas.
Nos vemos en el camino y mira que he caminado.