Deseo ser perfecta como la flor del jardín, que la abeja visita cada mañana, atraída por el dulce aroma de su néctar central. Las gotas les resbalan y se inclinan a besarla en su rojo intenso. Cada día visitada, cada día admirada en su estilo propio.
Los ánimos se aceleran con su sola presencia, se olvida el desanimo y se olvida la tristeza. Ella es simplemente perfecta en su jardín. Una niña inquieta roza mis pétalos, por suerte mis espinas no la lastimaron ante su roce inesperado.
El jardinero que poda mis hojas secas sigue soñando en mis formas perfectas, ésta semana ha sido la única y más hermosa que ha floreado.
El tiempo nos vuelve perfectos aún cuando nos marchitamos, solo un buen ojo notará la diferencia y terminará admirando la belleza de lo marchito, recordando la belleza que fue y ya no es, simplemente perfecta.
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