Siento que te odio ahora. Siento que todo lo que me planteas y justificas no soporta mi ira.
Cómo se fueron tus besos a otra boca, cuándo tus manos se cansaron de mis candiles
y han encendido su fuego en otro cuerpo. Te vas en pleno equinoccio.
Te vas cuando llegaban las flores amarillas a infectarlo todo. Y te vas sin mí, que es lo peor de todo.
Siento que te odio a pesar de lo otro, del sentimiento genuino que te pedí no sembraras en mí,
que no regaras en mí, que no le dejaras florecer...
Yo soy ahora un árbol fructificando para quien no le apetezco.
Es cruel y doloroso que ahora des paso hacia afuera de mi círculo, y te sonrías diciendo que lo mejor está viniendo.
Me dejas repleto de novedades obsoletas. Te vas con tus maletas ligeras,
pues, tu amor y el mío se quedan en mis rincones como engendros que se carcomen a sí mismos
y dejan sus heces sobre la mesa, en la cama, bajo el mesón de los santitos...
Te odio este septiembre amarillo que trae flores sin olores, sin magia,
flores incapaces de iluminar mis ángeles negros, pérfidos, putrefactos.
Te vas porque no te merezco y me dejas sin ser capaz de merecer a nadie…
Las flores amarillas, llévenlas a mi cementerio. Ahí, déjenlas, sobre los restos de lo que fuimos,
de lo que soy ahora, de lo que apartas de tu vida con esa calma primaveral y maldita.
Nota: La fotografía usada para esta publicación, es de mi propiedad. Fue tomada con mi celular Redmi A2. Todos sus derechos me pertenecen.