Deseo de grandeza
Érase una vez en campos tachirenses tierra uribantina, en el pequeño pueblo la hormiga, vivía un joven con anhelos de grandeza llamado Cristóbal.
El joven Cristóbal se dedicaba al estudio en las mañanas y el resto del día en trabajos duros, en la finca de su padre Rigoberto; Cristóbal se encargaba del ordeño de vacas, recorría las montañas observando el ganado y cuidándolo.
Una noche Cristóbal admirando las estrellas reflexionando sobre su vida, quería estudiar producción animal en una de las mejores universidades del Táchira, al otro día se levantó y hablo con su padre.
-Papa quiero estudiar en una universidad y ser alguien en la vida.
-Cristóbal no tengo plata en vez de decir bobadas vaya más bien a ordeñar las vacas.
Éste sin obedecer, se dirigía al pueblo cuando en la carretera observo a un señor revisando su auto varado.
Al norte de la finca se ubicaba una montaña que la llamaban los tres falsos, puesto que la montaña tenía tres picos, una en el centro, otra hacia la derecha y la última hacia la izquierda, cada pico tenía un falso formado con alambre de púa, en ese momento se encontraba Cristóbal sentado pensando…
Cuando recordó que unos amigos suyos estaban buscando trabajo al finalizar el bachillerato. Emocionado Cristóbal fue a hablar con su padre.
-¡papa! Tengo la solución a nuestros problemas.
-¿cuál Cristóbal?
-mis amigos están terminando bachillerato y buscan trabajo, podemos contratarlos y así podrás multiplicar tus ganancias en la finca.
-me gusta tu idea hijo, con esa ayuda te podría ayudar con tu estancia en la ciudad.
Al otro día muy temprano Cristóbal se levantó, con la esperanza de conocer aquella universidad de la que le había hablado el señor. Y se marchó hacia el pueblo, con sus sueños y anhelos.
Al llegar Cristóbal al pueblo, el señor amigo de Cristóbal se encontraba en el parque sentado junto a los árboles y este le responde:
-Hola Cristóbal ¿cómo te encuentras?
-Muy bien, y ¿usted?
-Muy bien, gracias. Cristóbal te tengo una buena noticia. Te daremos una beca para que puedas estudiar aquí.
-¿De verdad señor?
-Si claro, bienvenido a nuestra casa de estudios.
Cristóbal regresó a su casa muy entusiasmado por tan grata noticia. Le contó a sus padres que estudiaría en la universidad más prestigiosa del Táchira y ellos estuvieron orgullosos de su hijo, quien con mucho esfuerzo y dedicación, se graduó con las mejores notas pero sin olvidar aquel campo que lo vio nacer y crecer.