Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels
La soledad siempre ha sido
una compañera constante
desde el nacimiento
hasta la muerte.
Uno a veces tiene la esperanza
de encontrar comprensión
en quienes pone toda su lealtad,
su corazón,
su alma,
su espíritu.
Pero esa comprensión
simplemente no la encuentras,
y tu corazón siente las ganas
irremediables de tomar decisiones
sin retorno y sin arrepentimiento.
Pero intentas calmar tu corazón,
te dices una y otra vez
que todo va a mejorar,
que hay que tener paciencia.
Pero a la vez la duda surge
como una maldición perpetua:
¿y si nada mejora?,
¿y si al final la muerte
te vence y cedes?
Le ruegas a Dios por salud,
por empleo, por esperanza,
por piedad, pero hay veces
que sientes que Él no te escucha,
y terminas por perder la fe
de forma temporal.
Al final solo cierras los ojos,
respiras de forma profunda
e intentas continuar
porque no hay de otra.