Hay compañías que se pasan años haciendo exactamente lo que esperas de ellas. Kimberly-Clark ha sido una de esas. Vende pañales, pañuelos, papel higiénico y productos de higiene; paga dividendos; crece poco, pero de forma bastante previsible; y normalmente no te obliga a levantarte a las tres de la mañana para mirar qué ha hecho el mercado asiático. No es una empresa para contar batallitas en una cena, pero precisamente por eso ha funcionado durante décadas como valor defensivo. Recuerda que hay una pandemia o algún riesgo geopolítico y medio mundo sale corriendo a comprar papel higiénico; ¿por que pondríamos el ojo en esta empresa?
El problema es que ahora KMB ha decidido dejar de ser tan aburrida.
A unos 107 dólares por acción y con una rentabilidad por dividendo cercana al 4,7%, la primera impresión es bastante tentadora. La acción ha corregido, el yield está en niveles históricamente atractivos y, si uno abre cualquier modelo clásico basado en dividendos, rápidamente aparecen luces verdes.
Luego empiezas a rascar. Y te encuentras una empresa que está mejorando márgenes, sí, pero creciendo muy poco; que genera mucha caja, aunque buena parte se la está comiendo el CapEx; que mantiene un dividendo atractivo, aunque actualmente con menos margen de seguridad del que parece; y que además está a punto de integrar Kenvue, una operación enorme que puede transformar Kimberly-Clark para bien… o hacer que echemos de menos cuando lo más complicado que tenía que explicar la compañía era el precio de la celulosa.
Por eso me parece bastante más interesante analizar KMB ahora que hace un par de años. No porque tenga claro que esté barata, sino porque por primera vez en mucho tiempo hay una verdadera discusión entre calidad, precio y riesgo.
Si miramos únicamente el gráfico histórico de ventas, la primera reacción no es demasiado agradable. Kimberly-Clark llegó a rondar los 20.200 millones de dólares de ingresos en 2022 y actualmente se mueve aproximadamente en 16.600 millones TTM.
Uno podría mirar esas dos cifras y concluir que el negocio ha perdido casi una quinta parte de sus ventas.
Pero no es exactamente eso lo que ha ocurrido.
Durante estos años Kimberly-Clark ha vendido negocios, reorganizado actividades y cambiado considerablemente su perímetro de consolidación, pero manteniendo su core bastante intacto. Una parte importante de esa reducción de ingresos es, por tanto, contable y estratégica, no una desaparición equivalente de demanda.
Eso no significa que podamos ignorar el problema de fondo, porque crecimiento hay poco. En el primer semestre de 2026 las ventas orgánicas crecieron aproximadamente un 1,2% y la propia compañía está asumiendo que crecerá alrededor de un punto porcentual por debajo de las categorías en las que compite. Si sus mercados avanzan aproximadamente un 2%, estamos hablando de una Kimberly-Clark creciendo más cerca del 1%.
No es un desastre, pero tampoco podemos considerar que tengamos algo realmente emocionante entre manos.
Pero quizá ésa sea precisamente la forma correcta de mirar esta empresa. Kimberly-Clark no necesita crecer un 15% para generar valor. Lo que sí necesita es mantener marcas fuertes, proteger márgenes, generar caja y no hacer tonterías con el balance.
Y aquí empiezan las partes interesantes.
Una de las cosas que más me gusta de los últimos resultados es que los márgenes han ido en la dirección correcta. El margen bruto ajustado alcanzó aproximadamente el 38,8%, unos 190 puntos básicos más que un año antes, mientras que el beneficio operativo ha crecido bastante más deprisa que los ingresos.
Cuando una empresa prácticamente no aumenta ventas, pero consigue ganar más dinero, hay algo que se está haciendo bien dentro.
Kimberly-Clark lleva tiempo trabajando en productividad, automatización, reorganización industrial y mejoras en su cadena de suministro. Todo ese maravilloso catálogo de términos corporativos que normalmente ocupa treinta diapositivas en un “power point” que proyectaron en alguna reunión del consejo y que inveriablemente termina con una foto de un empleado sonriendo delante de una fábrica.
La diferencia es que aquí sí empieza a aparecer en las cuentas.
Ahora bien, tampoco daría por hecho que esos 190 puntos básicos pueden proyectarse alegremente hacia el futuro. Parte de la mejora ha recibido ayudas extraordinarias y la compañía sigue teniendo que invertir bastante dinero para sostener la transformación. Pero el hecho de que los márgenes estén respondiendo mientras las ventas apenas avanzan, al menos en principio me parece una señal positiva.
El problema es que esa mejora tiene un precio. Y se llama CapEx.
Kimberly-Clark genera actualmente aproximadamente 3.330 millones de dólares de flujo de caja operativo. Es una cantidad considerable para una compañía que, recordemos, está creciendo alrededor del 1%.
El problema aparece en la siguiente línea. El CapEx TTM ronda ya los 1.510 millones de dólares. Una vez descontado, el Free Cash Flow queda alrededor de 1.820 millones. La cifra es “modesta”, ya que hace unos años el flujo de caja libre superaba cómodamente los 2.500 millones. Así que el deterioro es visible, aunque conviene entender de dónde viene antes de salir corriendo.
No parece que el negocio haya dejado de generar caja. Lo que ocurre es que Kimberly-Clark está invirtiendo mucho más. ¿En que? Capacidad productiva, automatización, cadena de suministro, modernización de fábricas… una parte importante de esa inversión está vinculada precisamente a intentar construir una compañía más eficiente.
Y esto crea una situación curiosa. Por que si lo vemos a corto plazo, el CapEx nos molesta porque reduce el dinero disponible para dividendos, amortización de deuda o recompras. Pero si ese esfuerzo inversor es temporal y dentro de unos años vuelve a niveles normales, Kimberly-Clark podría recuperar una cantidad importante de Free Cash Flow sin necesitar que las ventas hagan nada extraordinario, algo que aman los analistas. Este, para mí creo que es uno de los puntos más interesantes de la tesis.
No necesitamos imaginar que Huggies vaya a convertirse de pronto en Nvidia. Si Kimberly-Clark mantiene ventas, conserva márgenes y deja de invertir 1.500 millones al año, las matemáticas mejoran bastante. Claro que primero hay que llegar hasta allí.
Cuando una acción como Kimberly-Clark ofrece cerca de un 4,7% de rentabilidad por dividendo, cuesta no prestarle atención. Más aún teniendo en cuenta su historial de pagos y aumentos; incluso en un momento en que la “Tasa libre de riesgo” definida por el bono de los Estados Unidos, está casi al mismo nivel.
Pero aquí creo que hay que separar dos cosas que muchas veces mezclamos: que un dividendo sea históricamente fiable no significa que podamos dejar de mirar cómo se está pagando hoy.
Durante el primer semestre de 2026, Kimberly-Clark generó aproximadamente 877 millones de dólares de Free Cash Flow y destinó unos 843 millones al pago de dividendos. Estamos hablando de prácticamente todo el flujo de caja libre del periodo.
No estoy diciendo que crea que Kimberly-Clark vaya a recortar el dividendo mañana. No es mi escenario principal, ni mucho menos, pero tampoco podemos mirar ese 4,7% como si viniese acompañado de un colchón gigantesco. Ahora mismo no lo hay.
La situación probablemente mejore si el CapEx empieza a normalizarse, pero mientras tanto la empresa está entrando en una operación corporativa enorme con bastante menos flexibilidad de caja de la que tenía hace algunos años.
Pero espera que ya llegamos a Kenvue.
La compra de Kenvue cambia por completo la forma en la que tenemos que analizar esta compañía. Kenvue es la antigua división de consumo de Johnson & Johnson y agrupa marcas como Tylenol, Listerine, Neutrogena, Aveeno o Band-Aid. No estamos hablando precisamente de comprar una pequeña empresa para complementar catálogo.
La compañía combinada tendrá alrededor de 32.000 millones de dólares de ingresos y una cartera de marcas de consumo que, sobre el papel, es espectacular, y digo sobre el papel porque las fusiones siempre son estupendas en el papel, en el excel o el mismo “power point” del que antes hablamos. En estos soportes, es uno de los pocos lugares donde dos compañías se juntan, desaparecen costes mágicamente, las ventas empiezan a crecer y todo el mundo sale ganando.
Luego llega la realidad y esta siempre es más dura de lo que esos informes nos pintan de entrada. Kimberly-Clark estima alrededor de 2.100 millones de dólares de sinergias recurrentes. La cifra es enorme y, si realmente se consigue, cambia de manera sustancial la rentabilidad de la adquisición.
Sin incluir esas sinergias, el precio pagado por Kenvue parece bastante exigente. Incorporándolas, el múltiplo efectivo se reduce hasta niveles mucho más razonables.
Por eso buena parte de la tesis futura de Kimberly-Clark depende de algo bastante sencillo de escribir y bastante complicado de hacer: integrar bien Kenvue. Porque una cosa es juntar dos columnas en Excel y otra juntar dos compañías gigantes.
Hay que integrar fábricas, sistemas, departamentos, redes comerciales, compras, logística, estructuras directivas y culturas corporativas. Y todo eso mientras intentas que las marcas sigan vendiendo y que los clientes apenas noten que media empresa está en obras. No es imposible, pero tampoco podemos verlo como algo trivial.
Además de marcas estupendas, Kenvue trae alrededor de 8.500 millones de dólares de deuda.
Kimberly-Clark tendrá además que financiar parte de la contraprestación en efectivo de la adquisición, así que el grupo combinado va a terminar con un balance bastante más exigente que el de KMB actualmente. Eso, por sí solo, no convierte la operación en mala.
Una empresa defensiva y con generación recurrente de caja puede permitirse niveles de deuda que serían mucho más preocupantes en un negocio cíclico. El problema es que ahora tendremos que vigilar simultáneamente el CapEx de Kimberly-Clark, la cobertura del dividendo, la deuda de Kenvue y la ejecución de las sinergias.
Y por si faltaba algo, también tenemos Tylenol. En Estados Unidos se han reactivado cientos de demandas relacionadas con supuestos vínculos entre el uso de acetaminofén durante el embarazo y determinadas afecciones neurológicas.
Que existan las demandas no significa que exista causalidad. Son cosas diferentes, pero al accionista le importa otra pregunta: ¿cuánto puede costar?
Porque los riesgos legales tienen esa maravillosa capacidad de ser irrelevantes durante años y convertirse de repente en una línea de varios miles de millones… o al contrario, una espada de Damocles que pesa en cada comunicado que mágicamente se resuelve por un acuerdo privado o por la acción de la justicia.
No creo que sea razonable construir toda la tesis bajista alrededor de Tylenol, pero tampoco me parece serio fingir que ese riesgo no existe. Kimberly-Clark está comprando las marcas de Kenvue y de paso también está comprando sus problemas.
Es como el novio guapo pero que le huelen los pies. Tienes que ver todo antes de decidir si los “defectos” son compensado con las virtudes.
El otro problema que estamos viendo a corto plazo está en China. Kimberly-Clark sufrió allí una campaña en redes sociales con acusaciones relacionadas con sus pañales. Posteriormente esas acusaciones fueron refutadas por análisis independientes, pero el daño reputacional ya estaba hecho.
Y aquí aparece uno de esos fenómenos que los mercados entienden bastante bien: destruir confianza lleva unas horas; recuperarla puede llevar meses.
La compañía calcula que el problema podría restar aproximadamente un punto porcentual al crecimiento de 2026.
Para una empresa que ya crece alrededor del 1%, perder un punto no es precisamente una anécdota.
La parte interesante es que puede funcionar también en sentido contrario. Si la situación empieza a normalizarse durante los próximos trimestres, Kimberly-Clark tendría comparables mucho más sencillos y podría recuperar parte del crecimiento perdido. Por eso China es ahora mismo una de las variables que más vigilaría, en especial por el consumo retenido que no debería afectar a este tipo de productos, pero algo siempre pesa. No porque crea que vaya a cambiar toda la tesis de inversión, sino porque puede marcar bastante la percepción del mercado durante los próximos resultados.
Aquí es donde la cosa se pone divertida. Tengo dos modelos de valoración para Kimberly-Clark, especialmente por el peso que tiene el dividendo en esta operación, y básicamente, uno me dice que compre y el otro que “ni con un palo”.
El primero es el modelo de Geraldine Weiss, basado en la rentabilidad histórica por dividendo. Con KMB alrededor de 107 dólares y un yield aproximado del 4,72%, la acción está entrando prácticamente en zona de compra fuerte respecto a sus propios niveles históricos.
Desde esa perspectiva, Kimberly-Clark está barata, y mucho.
Pero cuando utilizamos Gordon, el resultado cambia.
Si parto de un bono alrededor del 4,63% y añado una prima de riesgo del 4,5%, estoy exigiendo aproximadamente un 9,13% de rentabilidad. Con un crecimiento estimado del dividendo alrededor del 3,56%, el modelo de Gordon me da un valor próximo a los 94,45 dólares. Encima, si utilizo un modelo de dos fases algo más conservador, me voy incluso hacia los 82 dólares.
El negocio, es el mismo; el dividendo igual pero cada modelo me da unas conclusiones completamente distintas que no deja una solución única. Jejejeje, bienvenidos a los mercados.
Geraldine Weiss está comparando Kimberly-Clark con su propia historia.
Gordon la está comparando con el coste actual del dinero.
Y hoy tenemos un problema que durante buena parte de la última década prácticamente no existía: el bono vuelve a competir con las acciones de dividendo.
Kimberly-Clark ofrece aproximadamente un 4,72%. El bono que utilizo como referencia está alrededor del 4,63%. La diferencia en renta corriente es mínima.
Por supuesto que una acción y un bono no son lo mismo. Kimberly-Clark puede aumentar su dividendo, puede crecer y su cotización puede apreciarse con el tiempo.
Pero precisamente por eso debemos exigirle más. Por esos pocos puntos adicionales estamos asumiendo riesgo operativo, bolsa, China, Kenvue, integración, deuda y litigios. El mercado tiene una peculiar costumbre de recordarnos esas diferencias justo cuando ya las habíamos olvidado… como llevo diciendo un tiempo “Back to basics”
Por eso el Gordon me parece especialmente útil ahora. No porque crea que 94,45 dólares sea una cifra sagrada, sino porque nos recuerda que cuando el activo sin riesgo paga más del 4%, comprar una empresa por un 4,7% de dividendo exige que el resto de la historia sea bastante convincente. Igual que lo veo yo, lo ven muchos analistas y por eso el precio de sus acciones no comienza a despegar.
A unos 107 dólares, Kimberly-Clark me parece interesante, para observarla, aunque aun estaría lejos de decir que es una ganga.
Hay cosas que me gustan bastante: la mejora de márgenes, la posibilidad de normalización del CapEx, la calidad de las marcas, el potencial de Kenvue y un dividendo que empieza a situarse en niveles atractivos, pese el valor del bono. De todos modos tenemos demasiadas variables abiertas como para fingir que el riesgo ha desaparecido sólo porque la acción haya caído.
Entre 94 y 100 dólares, personalmente empezaría a encontrar una asimetría bastante más interesante. El yield superaría el 5%, el modelo de Gordon empezaría a cuadrar mejor y, sobre todo, estaríamos obteniendo algo más de margen de seguridad frente a los posibles problemas de integración, algo que veremos en los próximos trimestres a medida que los “earnings call” se vayan sucediendo.
Y si el mercado nos regalase una caída hacia 82–90 dólares, siempre que no viniese acompañada de un deterioro estructural serio, ahí sí creo que tendríamos una situación especialmente atractiva para estudiar. La diferencia es importante, ya que una acción puede estar barata respecto a su historia y seguir sin estar barata respecto al riesgo que estamos asumiendo hoy.
Y creo que ése es exactamente el caso de Kimberly-Clark.
En los próximos resultados, están previstos para el 29 de octubre, no me obsesionaría demasiado con que los ingresos crezcan un 0,3% arriba o abajo. Hay variables bastante más relevantes.
Quiero comprobar si la mejora de márgenes continúa cuando desaparezcan algunos efectos extraordinarios. Quiero ver si el CapEx alcanza techo y empieza a normalizarse. Quiero ver más Free Cash Flow disponible después de dividendos. Y quiero saber si China empieza a recuperar volumen.
Pero, sobre todo, quiero ver cómo se ejecuta Kenvue.
La deuda, las sinergias y la integración van a pesar mucho más en mi valoración de Kimberly-Clark durante los próximos dos años que unas décimas de crecimiento trimestral. Porque ésa es probablemente la gran diferencia respecto a la KMB de siempre. Dado que ya no estamos comprando únicamente pañales, pañuelos y dividendos, hemos pasado a comprar de rebote una transformación corporativa enorme.
Y si sale bien, los precios actuales podrían terminar pareciendo bastante razonables. Incluso buenos, pero si sale mal, descubriremos que una compañía aburrida puede complicarse la vida con la misma facilidad que cualquier otra.
Eso, por ahora, es precisamente lo que hace que merezca la pena seguirla.
Voy a seguir haciendo este tipo de análisis porque creo que hay bastante más valor en entender qué estamos comprando que en acumular gráficos con flechas verdes y rojas.
Si tienes alguna empresa en cartera, estás pensando en comprarla o simplemente hay alguna que te genera dudas, déjamela en comentarios. Intentaré escoger algunas de las que más se repitan y analizarlas con el mismo enfoque: negocio, riesgos, caja, valoración y, sobre todo, qué tendría que pasar para que la tesis salga bien o mal.
No prometo que terminemos comprándolas… pero en este camino este aprendizaje seguro ayudará.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y educativa y refleja únicamente mi análisis personal de Kimberly-Clark en el momento de publicarlo. No constituye una recomendación de compra, venta o mantenimiento de ningún valor, ni asesoramiento financiero, fiscal o de inversión personalizado.
Las cifras, estimaciones y modelos de valoración utilizados dependen de supuestos que pueden cambiar y, como cualquier análisis, pueden contener errores o quedarse obsoletos. Una buena empresa puede ser una mala inversión si se paga demasiado por ella y una acción aparentemente barata puede seguir cayendo.
Antes de invertir, revisa las cuentas de la compañía, entiende los riesgos, contrasta la información y decide si la inversión encaja con tu situación financiera, horizonte temporal y tolerancia al riesgo.
Y si vas a comprar simplemente porque alguien en internet ha dicho que algo “está barato”, por lo menos que ese alguien no sea yo.
Publicado originalmente en Substack.