La siguiente estación a la que me había montado, estaba atestada de gente. No sabía hacia donde moverme y de pronto quede entre varios hombres, los mire con cara de “no me toquen”, coloque los brazos con los codos firmes hacia atrás para evitar el ronce, pero estaba muy full el vagón. Últimamente los viajes en el metro son demasiado complicados, como cinco minutos o más entre estaciones debido al retraso producto de tanta gente, y ya sabía que ese viaje se haría eterno. El vagón se movió de forma brusca y frenaba deliberadamente todos alrededor aprovechaban para recostar alguna parte en los cuerpos de sus víctimas más cercanas.
Ese día llevaba una blusa blanca de botones con encajes, que hacia visible el contorno de mi figura, y un leggins negro. Se detuvo el metro y los hombres a mi alrededor empezaron a acomodarse, supuestamente para generar más espacio. Ya tenía a uno recostándomelo atrás, ya me había entregado a la idea de que me iría de allí toda manoseada, cerré los ojos, respire profundo y disimule. El bulto que estaba atrás crecía considerablemente, lo sentía cada vez entre mis nalgas, yo paraba más el culo para retirarlo, pero eso lo excitaba más. El movía su cuerpo hacia mí.
En esos momentos te vuelves delicada y discreta, mientras sientes como él, poco a poco dirige su respiración lo más cerca de tu oreja, la piel se te pone de gallina debido a su reflejo natural. Note como su mano acariciaba la mía, al calor de su respiración sobre mi nuca, un ligero estremecimiento recorrió mi cuerpo, el susurro de su voz que decía “disculpa es que empujan para entrar”, yo sofocada le respondi “no se preocupe a esta hora esto es normal”.
Esos momentos previos tuvieron una carga sexual increíble. El calor era sofocante, yo solo me mordía los labios, su aroma me embriagaba, recostaba su miembro ya de una manera incisiva sobre mis nalgas, y sucumbía al placer.
Lo que ellos no saben es que un beso en mi sensible cuello puede lograr que cualquier dogma caiga por sí solo. Poco a poco tus pezones se ponen duros y erguidos y si le agregas el roce de un pecho masculino en tu espalda, junto con el sudorcito ese que es el lubricante perfecto para llevar la situación a un momento más íntimo, es más cálido y placentero. El hombre que estaba detrás de mí, me susurraba al ido “déjate llevar” todo esto junto con el movimiento brusco del metro, la gente, mi cintura traicionera dejando que este disfrutara de mi cuerpo, hacía que yo estuviera húmeda, ya no le era suficiente rozar todo mi cuerpo, tenía la verga durísima y coloco su mano derecha sobre mi cintura. Sin percatarme ya que tenía rodeada, no podía ver quien tenía tan buen paquete. Coloco la mano en mi espalda y me empujó hacia adelante y yo hacía fuerza hacia atrás para no chocar con el señor de enfrente. Sentí su paquete mas firme, ya no era discreto.
Su mano se coló sigilosamente hacia mi vagina. ¡Ey! Esa mano no debería seguir avanzando con esa delicadeza, ya sabía que no se iba a detener y no deseaba que lo hiciera. Un cosquilleo me recorrió de arriba hacia abajo, intente ocultar mis nervios entre esta barra a la que estoy apoyada, colocando mi cabello hacia delante, debí voltearme y abofetearlo, pero si alguien me viera me moriría de la vergüenza. Por dios, este hombre no quería dejar sus dedos quietos. Si viera mi cara en ese momento, estoy segura que acabaría y también puedo decir que llevaba sus pantalones iguales o más húmedos que mi ropa interior. Si estuviéramos solos en ese vagón lo hacía pagar por ello, pero tenía que entrar en razón y con todo el dolor de mi alma decidí bajare en esa estación. No podía entender como un total desconocido me había dejado con ganas de más, si yo nunca le vi el rostro, solo sentí el placer de su miembro y sus manos explorar todo mi cuerpo, yo temblaba como si de un sismo se tratase. Por un instante quería que me cogiera. Lo bueno de ir en horas pico es que nadie se fija en nadie.
Volví a mi rutina, respiré profundo y seguí a mi casa. Después de ese día a veces hago mi recorrido por las horas pico a ver qué más puede suceder, a fin de cuentas, es el medio de transporte más rápido.
Frotismo en el Metro | Ecency
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