Ella era un pétalo de rosa durante el invierno, marchitandose poco a poco, pero, entre la hermosa nieve blanca resaltaban sus pétalos rojos carmesí, hermosos a la vista de cualquiera. Le encantaban los girasoles, aquellos que miraban a sol, ansiosos de que llegara, iguales a ella. Ansiosa por un nuevo día, por intentar luchar y ser mejor cada día, por más difícil que fuese.
Ella era preciosa, era magnífico mirar como realizaba sus escritos, hablando sobre las cosas que le gustaban, era una niña pequeña en una dulceria, lo más lindo que podrías ver. La felicidad en sus palabras, las acciones que hacía sólo me hacían contemplar a una niña pequeña, tan delicada, tan dulce, tan inocente.
Inteligente, pero insegura de si misma. Buscaba las respuestas donde no las había. Y preguntas donde nadie las hallaba.
Pero, aveces caía, como todos. Se le hacía difícil levantarse.
Hasta que, llegó lo especial a su vida. La felicidad la encontraría en ella misma, pero siempre se tiene que dar un impulso para mejorar todo.
- Y es entonces que, siempre que te sientas mal, siempre que te sientas insegura, siempre que sientas que no puedes más, ven a mí, yo cargare con tus problemas también para que no tengas que cargar con ellos sola. Siempre estaré para ti cuando más me necesites. -
Eran las palabras que ella anhelaba escuchar, cuando nadie las decía.