Si en mi penumbra
me ves llorar,
no te conmuevas.
Deja reinar mi silencio
y sal de allí como
lo haría un asesino,
sigiloso y sin dejar huella.
Si en medio de la suave
brisa que menea a un compás
divino las finas ramas,
abrázame por la cintura
y no me sueltes,
para sentirme aún terrenal.
Es tan fría la inexistencia.
es tan inédito mi querer,
pero aún así demora minutos en
calentarse mi cuerpo y
arder a llama viva
bajo la seguridad de tus
brazos,
protectores y diluidos en pasiones.
Pueden faltar días,
momentos, alimentos
y sonidos;
pero que nunca
me falten las letras
de tu nombre
que proclamo al
libre ritmo de un tarareo
de amor sincero,
y a plenas rodillas
en el suelo.