Sentado frente al palacio de gobierno, a las barbadas de cotorras que compiten con el murmullo de la gente.
Quisiera poder decir que me parece familiar, pero no lo es en mi pueblo.En mi tierra, las tardes huelen a tierra mojada y los únicos que asisten a la plaza son los viejos que juegan dominó bajo la sombra de los fresnos. Saqué del bolsillo la carta arrugada que me trajo hasta esta ciudad ruidosa. Miré el imponente edificio de cantera frente a mí, respiré hondo y me puse de pie; el futuro no iba a esperarme a que terminara de extrañar mi hogar.