La vulnerabilidad se apodera de mi cuerpo, y como no si ya casi ha transcurrido un año, un año de ese mágico momento, un año lleno de cambios, de aprendizajes, un año en que sin pensarlo dos veces será el mejor de toda mi vida con sus altos y sus bajos pero sin duda el mejor.
Tengo una revolución de sentimientos, me siento realizada, me siento más mujer y pensar que aquel desastre de persona en el que me había convertido llegaría a donde estoy ahora.
Fui un desastre porque estaba hecha añicos por dentro, fui poco a poco entendiendo que el camino elegido no era el correcto, me costó salir de todas mis andanzas pero dicen que el amor lo puede todo y si, el amor lo logro. El amor por mi misma me transformo en lo que soy ahora y el plus que derramo más felicidad y bendiciones a todo esto lo dio mi hija cuando nació. Ahora me amo y me acepto con mis defectos y mis virtudes, con mis aciertos y desaciertos, con mis creencias y mis prejuicios, en las buenas y en las malas.
¡Amo lo que soy!
Es momento de pararme frente al espejo y esa que veo allí valorarla y amarla. Perdonarme, abrazarme y amarme, después de eso cualquiera puede fijarse en quien soy, cualquiera puede amarme pero el amor más grande es ese frente al espejo.