Emigrar no es nada fácil, pero en mi caso, inevitablemente necesario. Tomé la decisión de irme el año pasado(2016) cuando vi que tenía dinero y, aun así, no podía conseguir lo que de verdad quería comer, un simple pan. Años de "como venga, vamos viendo" de una dictadura que no se ha cansado de destruir el presente y futuro de muchos a costa de su acelerado crecimiento personal, ha empujado a muchos al desconocido mundo de ser un extranjero.
¿Cómo hice? pues yo solo tenía el deseo, pero no los recursos. Mi familia- esa que extraño tanto, cada día que pasa- me ayudó a salir y surgir luego afuera. "Tengo unos dólares, úsalos para irte", fue la frase que me pisó el acelerador y me puso a resolver rápidamente, pues unos amigos se iban pronto y yo debía aprovechar su conocimiento en el trayecto que tomamos durante nueve días.
Salimos desde Barcelona hasta Santo Domingo(Táchira) en avión. Al llegar nos esperó un taxi previamente alquilado que nos acercaría a la frontera con Cúcuta(Colombia). Todos con una maleta y caminando nos aventuramos a pasar un puente que es una moneda al aire. En mi caso un militar venezolano me pidió detenerme para revisar la maleta, la cual, no pudo abrir por yo tenerla cerrada con un tirrás y él no contaba con tijera para partirlo. Así que su molestia pudo más que su "riguroso" control de seguridad y me dejó ir.
Ya en Cúcuta, empezamos la búsqueda de algún sitio para cambiar los USD a Pesos Colombianos y poder comprar el boleto del bus que nos llevaría a Ipiales. 2 días de viaje donde nos detuvimos 3 horas en la madrugada mientras reparaban algún inconveniente y hasta donde nos preguntábamos si íbamos con Fernando Alonso, de piloto. Finalmente llegamos a nuestro destino, donde es bajarse y montarse para seguir el proyecto - obviamente luego del sellado del pasaporte- hasta Tulcán. Solo 15 minutos tardamos en llegar al terminal de dicha localidad y compramos tique hasta Guayaquil.
12 horas o quizás un poco más en carretera sin Wifi en el transporte - oferta engañosa - pero sin percances en el mismo. Llegamos al muy buen terminal terrestre con el que cuenta esta ciudad y enseguida a armar la nueva ruta. ¿Por qué nueva? Pues como no todo es perfecto, lastimosamente Perú en ese momento estaba pasando por fuertes lluvias, lo que causó el derrumbe de varias vías que debíamos transitar para llegar a Lima y seguir.
Como comenté al principio, con quienes me fui estaban mejor informados que yo en este tema del "escape" terrestre hacia el exilio, así que "vamo a calmano". La única manera posible para llegar a Lima, era vía aérea (un gasto inesperado). Se decidió comprar pasaje hasta Piura(Perú) y encomendarnos a todos los santos para conseguir un boleto que saliera el mismo día de llegada o al siguiente.
Sí, los milagros existen. Después de tantos KM recorridos ya las horas se olvidan, lo importante es que fue un muy buen viaje -con wifi incluido- y al llegar señoras y señores conseguimos pasajes hasta Lima, para el día siguiente. 120 USD que trastocaban un poco las cuentas pero que nos acercaba un poco más a la meta.
"Hace mucho tiempo no se veía tanta lluvia" nos dijo el taxista que nos llevó al aeropuerto. Imagínense lo afortunados que nos sentíamos (sarcasmo detectado). Una hora y, listo, ya estábamos en la capital peruana. No sin antes tener un retraso de dos horas para la salida. Llegamos en la noche, así que nos tocó dormir en el aeropuerto como muchos otros pues los pasillos estaban repletos de gente durmiendo en el piso.
Ya "descansados" solo debíamos esperar que se aproximara la hora para la salida del bus que, por suerte, ya habíamos comprado en Piura y así acercarnos a su terminal para solo confirmar. Todo listo con nuestro boleto hacia Tacna, tendríamos unas horas para poder conocer un poco de Lima.
Como buenos futboleros no pudimos dejar pasar la oportunidad para visitar el Estadio Nacional del Perú. La muy amable seguridad nos dejó ingresar al campo, tomar fotos y demás a cambio de “una colaboración que saliera de nuestro corazón”. De ahí a un pequeño mercado de ropa donde conseguíamos las mejores copias de lo original, pero con presupuesto contadito, next.
Muchas ganas, pero poco tiempo, así que de vuelta al terminal y en un cerrar y abrir de ojos ya estábamos saliendo. El mejor bus que tomamos en todo el trayecto fue ese. Señal de wifi perfecta, asientos cómodos y buena comida. Lo único negativo es que no tenía para cargar el celular, pero ya teníamos un phD en hacerla rendir.
No recuerdo cuánto duró el viaje, solo que llegamos al otro día. Bajándonos de uno para montarnos en otro. Bus Tacna-Arica, para ya pisar suelo chileno y acabar con tantas especulaciones de “preguntan esto y aquello”.
- “¿hacia dónde se dirigen?”
- “Argentina”
Listo. Pasaporte sellado donde nos aprueban la estadía por 90 días y adivinen qué, estamos en Chile, ¡carajo!
Último bus con duración de día y medio para llegar a Santiago y, aquí estamos. Progresando poco a poco, de manera digna y con la certeza que el esfuerzo rendirá sus frutos porque acá, quien viene a trabajar y olvida la “viveza criolla” vive y no se sobrevive. ¡Salud!