Hace unos cuantos años atrás en la celebración de uno de mis cumpleaños me paso una anécdota con los tequeños que jamás he podido olvidar, quizás hayan trascurridos treinta o más años, no recuerdo quien fue la autora pero sin duda alguna el protagonista fue el tequeño.
Mi cumpleaños es en Diciembre, por lo que generalmente lo celebro con un ambiente navideño. En esa ocasión todo estaba listo. Merengues clásicos sonaban para ir entrando en calor, en la cocina el rico olor a pernil envolvía a todos vaticinando una deliciosa cena, la torta estaba posada en el centro de la mesa reivindicando su papel de reina de la fiesta. Los pasapalos para los adultos: Los bollitos picantes, bolitas de carne picante, salsas árabes entre otros ya estaban en sus posiciones estratégicas. Pero había la sensación que algo faltaba.
La fiesta fue pensada en los adultos, no tomamos en cuenta que habrían invitados especiales: Los niños. Es que además de mi primogénita y mis sobrinos casi todos mis amigos también ya tenían hijos. La fiesta comenzaba pero los niños a pesar de que jugaban y corrían, no estaban muy alegres. Mi esposa intento hacerles un juego para animarlos pero nada hasta que uno de esos chiquitines se me acerco y me dijo en tono de reclamo: Y donde están los tequeños, en mi escuela cuando hay fiesta siempre ponen tequeños….
¡Era una gran verdad ¡ Una falla, un error garrafal en la logística de la fiesta, entre tantos preparativos se nos había olvidado comprar el paquete de 50 tequeños. La ocurrencia del enérgico reclamo infantil corrió como pólvora. Al llegar al garaje donde estaban los invitados:
-Compadre como se le ocurre hacer una fiesta sin tequeños, fue una de las primeras frases que recibí. Un vecino, gocho con arraigo oriental exclamo: ¡oiga paisa, como es eso! ¡Eso es un crimen cultural, ¡Estamos en Venezuela, no en Holanda, aquí una fiesta sin tequeños no es una fiesta! – No tenías plata, me hubieras dicho y te traigo 200 tequeños dijo un colega.
No quedó más remedio que salir raudo y veloz hacia el supermercado (aun existían en aquella época) a comprar varios paquetes de tequeños.
Y así se demostró que en una fiesta sin tequeños no hay alegría, sino es una simple reunión de gente aburrida. En nuestra familia nos quedó por muchos años la anécdota: Si vas hacer una fiesta lo primero que debes comprar es el paquete de tequeños.
Es Mi participacion en el reto #Observa #Piensa y #Escribre de @topfamily organizado por
@lanzjoseg