Iniciativa #34 // Tragos amargos: A qué le das permiso para que saque lo peor de ti? Hacer de tripas corazón

Words
650
Reading
3 min
Listen
Play
1y

alt


Fotografía, hecha por mí, de una pintura de la artista cumanesa Meye

Hacer de tripas corazón

alt

Hoy leía la publicación aniversario de Esa Vida Nuestra de la amiga charjaim@charjaim que corresponde a la iniciativa #34: Tragos amargos, ¿a qué le das permiso para que saque lo peor de ti?, iniciativa la comunidad de holos-lotus@holos-lotus. en donde leemos cómo, a pesar de que es fácil caer en la tentación de responder airada o negativamente a ciertas situaciones, podemos buscar la forma de controlar nuestras emociones y así no tener que arrepentirnos por haber actuado impulsiva e imprudentemente.

Antes de comenzar a relatarles mi anécdota, recuerdo que, en casa, mis padres siempre nos enseñaron que una palabra amable abre muchas puertas y que hay que contar hasta cien antes de responder a alguien que nos ha hecho daño. Dicho esto, les cuento.

El año pasado, mi sobrino David fue ingresado de emergencia al hospital de Cumaná, la ciudad en la que vivo, debido a un fuerte dolor en la pierna. Desde el mismo momento de su ingreso, comenzamos a vivir la pesadilla que viven pacientes y familiares en cualquier hospital venezolano: falta de cama, falta de medicamentos, falta de higiene y malos tratos del personal médico, administrativo y de limpieza.

Sin ninguna experiencia anterior, entramos a aquel "universo oscuro y sin ley, " que pueden ser los hospitales venezolanos y comenzamos a vivir inmediatamente, en carne propia, los sinsabores que hasta ese momento habían sido solo rumores:

_Ojalá no te toque aquella enfermera. Maltrata a los pacientes. No tiene misericordia con nadie - nos decían los otros pacientes y familiares, como advertencia, pero también como ruego.

La enfermera era una mujer madura de rasgos endurecidos y siempre seria, la cual apodaban "Azote". La primera vez que atendió a David fue para tomarle una vía, la cual serviría para administrarle antibióticos y analgésicos. Los medicamentos le tocaban a las 4 y ella pasó finalmente a las 4:30, solo porque fuimos en varias oportunidades a recordarle que David tenía mucho dolor. Pero luego de pasar media hora y puyarle los brazos hasta convertirlos en un colador, anunció:

_No puedo, tiene las venas secas. - dijo tranquilamente y se fue, dejándonos ahí sin saber qué hacer.

Mi sobrino lloraba adolorido y nosotros estábamos furiosos por su crueldad y falta de empatía. Nuestra primera reacción fue pelear o acusarla con su superior, pero intentamos mantener la calma, especialmente porque David estaba mal y no queríamos que viera nuestra desesperación.

A los 15 minutos de eso, otra enfermera llegó y con una precisión magistral, de cirujano, le puso la vía a mi sobrino:

_Edelmira me llamó y aunque ya terminé mi guardia, me dijo que pasara por aquí a hacerle este favor. - nos confesó la enfermera y en ese instante supimos el nombre de Azote, se llamaba Edelmira, y también que, a pesar de todo, tenía corazón: al ver que no pudo tomar la vía, llamó a una experta para que lo hiciera.

En nuestra experiencia en el hospital, muchas veces tuvimos que hacer de tripas corazón, solo para que mi sobrino no se viera afectado, ya que muchas veces vimos que el personal del hospital utilizaba la retaliación como arma de defensa. Muchas veces tuvimos que contar hasta cien y hasta mil, controlar las palabras, para llevar, como quien dice, "la fiesta en paz" y encima de morir de tristeza, no morir de pura rabia.


Esta publicación es en respuesta a la iniciativa #34 de Esa Vida Nuestra de la amiga charjaim@charjaim que corresponde a la iniciativa #34. Si quieres ver de qué se trata, te dejo el link del post por aquí. También me gustaría invitar a josemalavem@josemalavem y a isauris@isauris para que participen.

La imagen central es una fotografía que hice de la pintura de una joven artista cumanesa: Meyerlyn Maneiro (Meye)

alt


alt

Gracias por vuestra lectura y comentarios. Hasta una próxima oportunidad

alt

Iniciativa #34 // Tragos amargos: A qué le das permiso para que saq... | Ecency