_Tengo tantos libros pendientes que no me alcanzará la vida para leerlos todos -había dicho a sus amigos cuando estos lo habían invitado a salir. Afuera el bullicio, el caos, la arenga política, no eran tan llamativos para hacerlo mover de la comodidad de su casa; por el contrario, desde hacía años, Alfonzo aborrecía y repelía cualquier concentración pública donde la premisa fueran los gritos.
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Los políticos con sus parlantes y los fanáticos con su pitos y matracas producían un ruido ensordecedor, pero los estándar de diversión y de exigencia se habían homogeneizado y habían caído en los niveles más bajos. Los políticos, carentes de ideas y proyectos, solo gritaban, bailaban y hasta echaban chistes. Los seguidores, como si fueran roedores y los políticos El flautista de Hamelin, caminaban en largas caravanas, ciegos y eufóricos, siguiendo a los supuestos líderes.
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