Smiling despite everything/ Sonriendo a pesar de todo (ENG/ ESP) 😊😀

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Smiling despite everything

There was a time when I didn’t laugh—or at least, I rarely did. I was a bitter teenager who couldn't see the bright side of things; wherever I went, I wore a scowl that kept people at a distance but also got me scolded by my parents for being antisocial and sour-tempered.
I discovered late in life that you can even laugh at yourself, but once I made that discovery—I swear—I became the first to laugh at my own mistakes, stumbles, and bad experiences. I admit that realizing laughter can lift the heavy burden of certain situations has made my life feel lighter.


For over 26 years, Venezuela has been governed by a group of thugs whose only contribution has been to rob and destroy the country. Living here feels like carrying a burden so heavy it prevents us from moving forward, breathing, or sleeping. The daily chaos we endure breeds uncertainty, rage, and pain—feelings that wear us down, age us prematurely, and destroy us. Constantly tracking the dollar’s ​​exchange rate as it climbs daily, living without running water, electricity, or cooking gas, and dealing with internet and transport issues—it’s like playing Russian roulette, leaving us exposed to the risk of losing our lives at any moment.
I know from personal experience that bitterness and pain can violently and rapidly transform a person, dragging us into an abyss that is incredibly difficult to escape. That is why—despite the fact that my city has gone over four months without running water, that I can be without electricity for more than six hours a day, that I earn less than half a dollar, that I live in a lawless country where expressing an opinion is forbidden, and that many of my loved ones have had to emigrate—despite all that and more, I still smile. And I don’t smile because I lack feeling, or because I’m superficial, or because nothing affects me. No. I smile because smiling has become my new source of strength. Smiling in spite of adversity, of the hard times and bad governments we’ve had to live through. Smiling, even though the power has just gone out.

Versión en español

Al mal tiempo, buena cara

Hubo un tiempo en el que no reía —o, al menos, rara vez lo hacía. Era una adolescente amargada incapaz de ver el lado positivo de las cosas; dondequiera que iba, lucía una cara de pocos amigos que mantenía a la gente a distancia, pero que también me valía los regaños de mis padres por ser antisocial y de mal carácter.

Descubrí tarde en la vida que uno puede incluso reírse de sí mismo; pero una vez que hice ese descubrimiento —lo juro— me convertí en la primera en reírme de mis propios errores, tropiezos y malas experiencias. Reconozco que comprender que la risa puede aligerar la pesada carga de ciertas situaciones ha hecho que mi vida se sienta más liviana.


Durante más de 26 años, Venezuela ha sido gobernada por un grupo de delincuentes cuya única contribución ha sido robar y destruir el país. Vivir aquí se siente como cargar un peso tan grande que nos impide avanzar, respirar o dormir. El caos cotidiano que soportamos los venezolanos genera incertidumbre, rabia y dolor: sentimientos que nos desgastan, nos envejecen prematuramente y nos destruyen. Seguir constantemente el tipo de cambio del dólar mientras sube a diario, vivir sin agua corriente, electricidad ni gas doméstico, y lidiar con problemas de internet y transporte... es como jugar a la ruleta rusa, dejándonos expuestos al riesgo de perder la vida en cualquier momento.

Sé por experiencia propia que la amargura y el dolor pueden transformar a una persona de manera violenta y rápida, arrastrándonos a un abismo del que es increíblemente difícil escapar. Por eso —a pesar de que mi ciudad lleva más de cuatro meses sin agua por tubería, de que puedo pasar más de seis horas al día sin electricidad, de que gano menos de medio dólar al mes, de que vivo en un país sin ley donde expresar una opinión está prohibido y de que muchos de mis seres queridos han tenido que emigrar; a pesar de todo eso y más— sigo sonriendo. Y no sonrío por falta de sensibilidad, ni por superficialidad, ni porque nada me afecte. No. Sonrío porque la sonrisa se ha convertido en mi nueva fuente de fortaleza. Sonrío a pesar de la adversidad, de los tiempos difíciles y de los malos gobiernos que nos ha tocado vivir. Sonreír, aunque se acaba de ir la luz y sabrá Dios cuándo vendrá.

All images are from my personal gallery, and the text was translated using Google.

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