¡César Augusto! -gritaba su madre.
¡¿César Augusto en dónde estás?! - ella volvía a gritar.
Se podía percibir la angustia en su voz.
Ella miraba hacia el mar, con la esperanza de encontrar con sus ojos color esmeralda la pequeña embarcación en la que había zarpado su hijo aquella mañana.
Él era pescador, y todos habían regresado excepto su bote.
¡Qué angustia sentía! El temor de no volver a ver su hijo estremecía su delgado cuerpo.
Quien pasaba junto a ella la miraba con dolor, como sólo puede verse a una madre atemorizada de perder a su único hijo.
Mientras más horas transcurrían, ella más desesperación sentía...
Y cayó la noche, una noche oscura, sin luna, casi nada podía distinguirse, y a lo lejos, creyó que el mar era el cielo, cuando su hijo regresó.
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La imagen es tomada de la aplicación Canva