Me encontré un reloj, quebrado y sin amor, no quise dejarlo en el prado, lo traje en mi brazo blanco. Lo arreglé, para que funcionara bien, le puse velocidad al minutero, para que el tiempo no fuera tan lento.
Me levanté y muy pronto me acosté, el día se fue, no tuve tiempo de disfrutar el atardecer. No recuerdo la cena, ni haber jugado con la perra, tampoco haberme bañado, ni las plantas haber regado. Sentí nostalgia, porque los minutos se marchaban, llevándose los gratos momentos, sin ni siquiera poder olerlos, para guardarlos en los recuerdos.
En la mañana arreglé el minutero, hice que fuera más lento, me levante sin prisa, desayune y el tiempo no seguía.
Salí a trabajar, las nubes no se movían ya, el anochecer no se acercaba y yo con ganas de ir a casa. Mi cuerpo se agotó, por lo largo del día de hoy, tras mucho esperar, me pude ir a descansar. No disfrute este día, fue lento y nada ocurría, el tiempo sobró, no supe que inventarme yo.
Una vez más cambie el minutero, lo deje en término medio, el día fue normal, disfrute el tiempo en cada lugar. Desayuno familiar, paseo por la ciudad, tiempo para ir de visita y a cine con la amiga.
Cada instante tiene un tiempo exacto, no debemos adelantarlo o disimularlo, aprovecha los momentos con los seres queridos, el cine, la cena y los descansos precisos. No pretendas correr por la vida, te perderás las alegrías, tampoco vayas demasiado lento, porque un día despertaras y nada habrás hecho. Camina normal, que todo a su momento llegará, no pierdas la sonrisa que el mundo brilla cada día.
Créditos texto y fotografía:
Logo creado por @mdesantiago, muchas gracias, esta grandioso y de mi color favorito.
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