Un caballo encuentra un tronco,
que lleva pintado un rostro,
tiene tonos morados,
también verdes y ojos agraciados.
El tronco anda buscando su sombra,
que se perdió hace algunas horas,
frente a la pared mueve su cola
pero no se ve nada cuando el movimiento logra.
Se para ante el sol,
frente a una lupa que un día encontró,
una vela prende sin precaución,
nada ocurre, la sombra no llegó.
El caballo que es un curandero,
se acerca y lo mira con detenimiento,
dibuja una sombra y se la regala,
para que lo acompañe a donde vaya.
Si el tronco se baña en un vaso,
la sombra lo espera con un paño;
Y si el tronco come pan blanco,
la sombra pide su pedazo.
Copyright © 2019 Margarita Palomino
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