Era una mujer bella, con prominentes caderas y fina cabellera. Todos la miraban, era enigmática, el arcoíris la observaba desde la cumbre de la montaña, admirando su belleza, anhelando estar con ella.
-Guau guau que linda- Dice Waldo.
Waldo, esta no es tu historia, sal ya- Dije yo.
Iniciando de nuevo.
Era una mujer bella, con prominentes caderas y fina cabellera. Todos la miraban, era enigmática, el arcoíris la observaba desde la cumbre de la montaña, admirando su belleza, anhelando estar con ella.
Sola entre la selva caminaba, por ser hija de un cacique todos la respetaban, el arcoíris aprovecho para enamorarla, y de paso embarazarla. Todos los días le llevaba chocolates, agua de panela y manzanas frescas, así mantenía contenta y enamorada a la doncella.
De paseo estaba en el río, de repente nació el niño, era un varón hermoso, pero fue muy doloroso. Ella se quedó dormida, y la corriente se robó a su hijo, cuando despertó, él bebe no estaba contiguo.
Corrió por toda la selva, gritando con pena, el arcoíris la alcanzó y le preguntó qué pasó. Al enterarse del hecho, se puso muy molesto, la castigo sin compasión y en un monstruo la convirtió.
Sus pechos se alargaron hasta el suelo, su rostro se volvió viejo, las manos parecen esqueletos y los pies están chuecos. Desde aquel día deambula por Nariño, buscando a su hijo perdido, mientras el arcoíris desde el cielo, yace descolorido
Quienes escuchan sus lamentos, ocultan a sus hijos pequeños, para que no se los lleve, pensando que le pertenecen. Cuando encuentra un hombre borracho, lo engatusa con imaginarios, haciendo de ella una mujer bonita, para luego engullir al mal portado.
Esta es la historia de la Turumama, que en el sur de Colombia divaga, así que, si usted bebe trago, tenga cuidado, no vaya a ser que termine devorado.
Y de paso no siga el mal ejemplo de Waldo, a quien se le dijo que no era su cuento, pero hizo caso omiso al argumento, por eso está asustado, y entre las cobijas se ha ocultado.
Créditos texto, dibujos y fotografía: Margarita Palomino