Aparece la gota de lluvia,
atraída por aquella túnica,
la toma en sus brazos
y la eleva hasta la nube, donde vive hace un rato.
El hijo de la luna de la túnica sale,
empieza a saltar en la nube grande,
tanto así, que el nubarrón se rompe
dejando caer las galletas que ahí se esconden.
El agua va por una aguja,
teje la nube con lana oscura,
le hace un rostro sonriente,
para esconder el enfado que siente.
Ahora en el cielo hay una nube que sonríe,
búscala cuando el día se vea triste,
así sabrás que siempre hay dificultades
y que sobre ellas se pueden tejer sonrisas inimaginables.