Soy una cebolla,
pero no como las otras,
no hago llorar personas,
pues yo,
yo lloro sola.
Cuando eso pasa,
inundo la casa
y para secarla,
salto y salto,
hasta que espantó el agua.
Y si no se marcha,
porque quiere quedarse el agua,
traigo un pitillo
y me la bebo,
hasta que queda limpio el piso.
Así somos las cebollas,
muy, muy hacendosas,
no hacemos llorar a nadie,
eso es un chisme,
que se inventó el tomate.
Créditos Margarita Palomino