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“Los nuevos dictadores desconocen el orden constitucional bajo el cual fueron elegidos y crean un nuevo orden constitucional que les permite perpetuarse en el poder".
Dijo Hurtado (ex presidente de Ecuador) en el programa Oppenheimer presenta.
Cosa que encaja perfectamente con lo sucedido en Venezuela. Hugo Chávez fue ambicioso pidiendo una ley habilitante que fue aprobada el 23 de marzo de 1999. Al presidente le gustó el papel de Legislador y pidió tres leyes habilitantes más en el año 2000, 2007 y en el 2010, y la asamblea las aprobó en todas las ocasiones.
A nadie debe sorprender esa clase de poderes concedidos, dado que desde hace unos cuantos años se piensa que el gobierno elegido por las mayorías y los representantes escogidos para el control del gobierno también por las mayorías hace innecesaria cualquier limitación a sus poderes.
Esta democracia que surgió de esta falsa creencia la definió Friedrich Hayek como abominable, y explicó claramente que si “Han de caer todas las instituciones democráticas, no significaría que la democracia fuera un error per se, sino que ha sido practicada por una falsa vía”.
¿Pero a cuál falsa vía se refería?
A ese parlamento soberano cuya magnificencia les ha concedido poder de hacer cuanto les venga en gana en el supuesto nombre de las mayorías .A la vía de los supuestos acuerdos democráticos que casi han convertido al poder del Estado y al poder Legislativo en uno solo, por lo que el gobierno ha dejado de estar sujeto a la ley.
En la página del PSUV (partido socialista unido de Venezuela) se explican los supuestos beneficios de una ley habilitante, y entre ellos, uno llama poderosamente la atención: Disminuye los tiempos de aprobación de las leyes . Lo que significa básicamente que ya se da por sentado que las leyes propuestas por el Ejecutivo serán de igual modo aprobadas, ¡Tal será el “acuerdo democrático”!
Cuando la ley no se dedica únicamente a proteger los derechos fundamentales de los individuos sino que funciona también para adquirir derechos especiales en grupos determinados, entonces la ley, deja de ser como diría Bastiat lamentándose “un refugio del oprimido para convertirse en el arma del opresor”
Una sátira del famosísimo Frederic Bastiat que no podríamos pasar por alto sería la de Los Fabricantes de Candelas que pedían una ley que mandara a cubrir todas las ventanas, tragaluces y otras aperturas, huecos y rendijas a través de las cuales la luz del sol era capaz de entrar en las casas, ¡Esta luz solar gratuita está arruinando el negocio de nosotros, los dignos fabricantes de candelas!
Sin embargo, cuando ofrecen esas leyes, el Parlamento se excusa con un argumento cantado a coro: Es una justa ayuda a quienes lo merecen
Hayek definió ese argumento como un disfraz para comprar votos.