El mar es vida, eso siempre lo he pensado. Hoy estoy en ella.
Y no es que me llene de mucha más vida de la que ya tengo, si estoy enferma, lo seguiré estando. Pero da la sensación que todo lo que está a tu alrededor está vivo, transmite paz. Hoy me siento en paz. Me siento viva.
No importa donde vaya, no importa con quien esté, simplemente el mar es vitalidad. Normalmente las cosas se desenvuelven en la monotonía, corremos y saltamos de un lugar a otro. Encontramos maneras cada vez más complejas para volver nuestras vidas un desastre.
Todo eso se olvida cuando estoy en el mar. Sí, puedo respirar en calma. No importa que el mundo se caiga al regresar. La calma y la paz de estar en el mar a veces se olvida, se desintegra en nuestra memoria, y alejamos mucho más y más cada día que pasa el hecho de ir a este paraíso.
Yo siempre aplazo cada experiencia en el mar, me centro en permanecer en el mar, observando programas de televisión, dejando de lado lo que el mundo puede ofrecerme.
Dulce sonido mortecino,
que embriaga con discrepancia y desolación,
Sigue el eco de mis pasos y mis ideas
mientras me alejo de la realidad.
Sin ganas de dejar mis problemas en ti,
sin ganas de tomar mi ser y entregártelo...
simplemente me fugo en tus andanzas,
sumergiéndome en la frialdad que nos brindas.
Mar refulgente, mar indiferente,
que arrastras mis problemas al vacío.
Grandioso y aventurero, lleno de belleza y compasión.
Siempre llevándote todo a tu paso.
Cruel por ser negligente,
Cruel por ser obstinado...
Una crueldad que siempre se perdona,
al recibir la maravilla de tu presencia.
Mar aventurero y posesivo,
danzante y traicionero,
gracias por llevarte de mi alma el anhelo.
Imágenes: Autoría propia, 2020
Cámara: Samsung J7 pro, 13 megapíxeles.
Gif editado por autor, en programa Photoshop Cs5