A las dos de la madrugada el camino era una especie de murmullo abandonado. En realidad, el trayecto completo desde los trรกilers hasta el portรณn de hierro que separaba al mundo del campamento, era un viaje a la nada. No se sabรญa con exactitud si eran preferibles las cortinas de polvo que levantaban los camiones rumbo al bosque en la serranรญa o las capas donde se hundรญan los pies de los caminantes. Todo era un martirio irrespirable.
La noche estaba en calma mientras no aparecieran los oficiales de la guardia. Se trasladaban en viejos jeeps de fabricaciรณn norteamericana, que se anunciaban en la distancia con un par de luces que simulaban dos candiles mortecinos atravesando las barreras de polvo. Y eran tantas las curvas, que a los soldados en las postas les sobraba tiempo para abandonar los viejos camastros, lavarse la cara, arreglar el uniforme, chequear fusil, cargadores, abrir la puerta, salir a la madrugada y a las estrellas, y empezar a andar de un lado a otro, como aplicados reclutas del servicio distinguido.
En los rodajes nunca hubo quejas por las postas. Los servicios de guardia simularon ser impecables y los oficiales a cargo se iban a la cama, convencidos de que la cรกmara jamรกs registrarรญa su descanso en las habitaciones climatizadas, lejos de los mosquitos, la humedad y la podrida madreselva que amenazaba a los cuarteles. A fines de mes pasaban por la caja, recogรญan la paga de manera imperturbable y seguรญan con sus vidas como si hubieran cumplido a cabalidad el trabajo.
Pero en el paรญs todos hacรญan lo mismo: simular que trabajaban. Algunos decรญan: el gobierno hace como que me paga y yo como que trabajo. Eran tantos los chistes a costa del trabajo que en mรกs de una ocasiรณn, ilustres humoristas terminaron en los calabozos acusados de fomentar la guasa contra el director. La entrada a los calabozos era filmada con naturalidad y desparpajo, en un extraordinario paso hacia el arte de la inconsciencia.
Los primeros contratos que la productora obligaba a firmar contenรญan una clรกusula secreta dรณnde forzaban al dictador de turno a construir un calabozo de ensayo. El material que se usaba, segรบn la prensa de la รฉpoca, eran trozos de cartones convenientemente diseรฑados, con una pintura negra de cuartel real. A algunos les parecรญa que las construcciones simulaban muros de pรฉtreas mazmorras del siglo diecisiete. Cuentan que los pintores parecรญan tan buenos que en mรกs de una ocasiรณn, directores primerizos requirieron ayuda para salir del laberinto que trataban de inspeccionar, con รกnimo de complacer a los tiburones de la productora.
La suerte de los humoristas ilustres es la suerte de reses camino al matadero. Su talento es su destrucciรณn.
Para una fecha patria se encargรณ la versiรณn de una cinta alemana. "La vida de aquellos ignorados" fue el tรญtulo con que se conociรณ en el paรญs.
Un equipo de humoristas fue obligado a colaborar con los bocetos de la puesta. El equipo llegaba al Departamento de Producciรณn a las siete de la maรฑana y una niรฑa de catorce aรฑos, con el cuerpo de mujer y el corazรณn desalmado, les servรญa cafรฉ caliente y galletas reciรฉn horneadas, regulaba el aire acondicionado, abastecรญa de papeles, lรกpices y otras herramientas de trabajo y se colocaba en una esquina, como si no existiera, aguardando รณrdenes. Pero nada mรกs una de aquellas cabezas moverse de un lado a otro, en los territorios de la duda, allรญ estaba, a su lado, por si el artista requerรญa alguna cosa.
Los veรญa trabajar de ocho de la maรฑana hasta las once y media con inusitado empeรฑo. Se alarmaba cuando alguno se recostaba en la silla giratoria de la creaciรณn, cerraba los ojos o miraba al techo. Entonces se levantaba, caminaba hasta รฉl y le frotaba el cuello, la cabeza y los brazos. Agarraba las manos, untaba aceites, perfumes, cremas y seguรญa frotando. Y asรญ sucesivamente.
Al mediodรญa les servรญa una gigantesca ensalada tropical y una garrafa de vino tinto. Luego los guiaba hasta los aposentos diseรฑados para pelรญculas del siglo diecisiete, los ayudaba a acostarse, apagaba la luz invisible, cerraba la puerta y salรญa en puntillas.
Una hora y media despuรฉs les preparaba el baรฑo en una tina colectiva a la usanza de antiguos dรณmines: velas, espumas, hierbas aromรกticas y aceites. Despuรฉs de un tiempo prudencial, uno a uno los iba sacando, tomรกndolos de la mano, cuidando no fueran a caer, como infantes bendecidos, y los secaba con amor, los vestรญa con batilongos de papel estraza, los peinaba, trazando una perfecta raya al medio, los hacรญa caminar hasta un espejo empotrado en la pared que no reflejaba el rostro sino los atajos del alma, les besaba en la frente y en las manos, y los llevaba de vuelta al estudio de trabajo.
A las tres de la tarde los conducรญa hasta el dictador con los bocetos en las manos. รste los veรญa, los volteaba, movรญa la cabeza, miraba a los humoristas, hacรญa gestos, se mordรญa la lengua, se mecรญa en el columpio invencible, volvรญa a mirar los dibujos y al cabo de un tiempo seรฑalaba el que mรกs le habรญa impresionado.
Los demรกs humoristas eran fusilados.
๐ซ Este es un fragmento original de mi novela inรฉdita y en preparaciรณn, "Paรญs Temporal"
(Tus comentarios serรกn bienvenidos y de mucha utilidad).
"Esta es mi sexta contribuciรณn al reto #Hive14Challenge con @hivecreatorsday, pretendo ampliar mi red de contactos dentro del ecosistema Hive"
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