Ir a la iglesia es una cosa y querer aplicar los mandamientos de Dios es otra.?
Hace uno días asistía a los novenarios de mi abuelo en una iglesia católica. En esos días coincidía con los novenarios de una familia que había perdido también a su abuela/madre. Obviamente la iglesia no tenía ni 30 personas en las misas, pues no era un día de celebración especial (llamo así a los días más conocidos por la comunidad, “domingo de ramos, miércoles de cenizas, etc”. Eso días en que las iglesias se llenan de feligreses). El hecho es que siempre me ha gustado sentarme muy atrás, porque así puedo observar el comportamiento de todos en la misa, me gusta mucho observar porque así puedo darme una idea de qué clase de personas me rodean; creo que es un don porque de verdad me sirve de mucho.
El hecho es que los días fueron pasando y todas las misas se llevaban a cabo sin mayor complejidad. Pero hubo un día especial, El día que en la misa entro una mujer de la calle, ropa sucia, cargaba consigo basura, se notaba que llevaba días sin bañarse y que tenía un cuadro de desorden mental, no habría que ser muy inteligente para notarlo. Al empezar la misa ella empezó a caminar por todo el lugar, buscando donde sentarse, como tenía un desorden mental le costaba mucho sentirse cómoda en los lugares que escogía y en repetidas ocasiones se levantaba y se sentaba en un banco diferente.
Cuando la mujer decidió caminar por el banco donde estaba la familia que les mencione anteriormente fue cuando logre ver con mis ojos el comportamiento normal de la mayoría de las personas, el rechazo. No digo que vas a ir abrazarla o besarla, pero con el simple hecho de mostrar respeto y no darle la espalda, basta. Es allí cuando ves que muchos vamos a misas pero no todos internalizamos la palabra de Dios.
Esta familia que se veía que son de clase media alta, al ver que la señora podría sentarse al lado de ellos, empezaron a darle la espalda, hablar de lo mal que olía. Todo eso desarrollándose y de fondo el cura dando la lectura de ese día, que para terminar de hacer la “guinda” hablaba sobre el prójimo y la ayuda que ponemos darle.
Fue un momento aturdidor, donde se estaba llevando a cabo todo lo contrario a lo que dios quería que nos lleváramos ese día. Es allí cuando te das cuenta que el “hábito no hace al monje”, Que por mucha misa, idas a la iglesia que una persona haga, sino tiene ganas de cambiar desde el corazón y su más profundo ser. Nunca lo hará!