Suele haber pocas señales de rendición o impotencia más claras que simplemente mirar al techo. Está es la representación física de una forma de autoconciencia siempre ligada a la abstracción, porque no se intenta mirar al techo se intenta mirar a la nada y casi siempre el sitio más vacío en una habitación es el techo. Tal vez por otra parte la acción de simplemente mirar hacia arriba y el tocar fondo se complementan de manera natural por el aquel de solo puedes mirar hacia arriba, cosas que me recuerda poderosamente a una de las obsesiones de Haruki Murakami con los pozos y como sus personajes siempre intentan salir de alguno en el que estén metidos, por lo general siendo estos una representación de la cotidianidad asfixiante.
En lo personal nunca fui un gran cazador de telarañas como solía decir mi abuela al contrario siempre estaba inventando algo, cosa que sin duda parte de un entusiasmo casi infantil, pero una vez la vida se empezó a hacer más compleja y las interacción personales ganaron mayor protagonismo estás etapas de mirar hacia la nada o intentar habitarla se hicieron más extensas. Principalmente por los procesos de espera, no tener control de puntos fundamentales de mi vida y esperar a ue me llamarán de un trabajo, que me devolvieran un WhatsApp o simplemente esperar el día para iniciar un nuevo proyecto me dejaban por horas en este estado.
Mi hermana pequeña, que también tenia estás prácticas aunque a veces parecía no poder notarlo, solía bromear con que estaba meditando y en cierta forma si, pero la meditación tiene un fin más noble y eso sin contar ue parte e una conciencia plena, esto era algo distinto. Una forma forzada de introspección donde intentando dejarme de los pensamientos intrusivos estos terminaban por apoderase de cada rincón en calma de mi mente. En este sentido "apagar las voces" te llena de ellas. ¿Pero como se cambia esto?
Tal vez la respuesta para mí estuvo implícita desde un principio, la acción se opone de frente a este estado, porque no mucho se puede hacer estando boca arriba. Mantenerse ocupado es la solucion, pero seamos claros una que desgasta porque estar todo el tiempo haciendo y luego de eso volver a hacer más para no quedar en pausa es agotador. El desgaste no es solo físico sino tan bien mental de una forma realmente extrema tanto que a míe deja en un estado que me obliga a dejar todo de lado cambiar de rutinas y como se imagina con este cambio de rutinas volver a mirar al techo.
Este miedo a la nada s un tipo de fantasma que por momentos todavía cargo y es realmente una lucha constante contra mi mismo un vacío que me atrapa y con el cual termino haciendo concesiones más de una vez. Pero desde mi xperiencia la autoconciencia de que este fenómeno ocurre, que me afecta es suficiente para en algún punto como ahora movilizarme y no quedarme simplemente mirando al techo.