De estos días pasados, me quedan algunos apuntes, sobre los que no he incidido, pero que para mi son más importantes, otorgan verosimilitud a lo que es el relato de mi día a día y en definitiva, mi vida. Ayer, después de la infausta visita a los juzgados de Málaga, fui al Carrefour, por alguna que otra cosa que me faltaba. La entrada, una nube de comerciales, todos con su pantalón chino color crema clarito y su polito azul pastel claro.
Esquivé la primera chica, de baja estatura que me recordaba extrañamente a mi ex ex ex ex, y me enfrasqué en el análisis de una vaporera de tres pisos, en competencia con un anciano de su edad, el cual, vigilaba cautelosamente el córner, con el codo dispuesto y la mascarilla mugrosa.
A esto me llegó una comercial, alta, un poquito entrada en carnes, de media melena, con una juventud exultante que me recordaba tantos felices momentos y me empezó a hablar, no sé porqué, me quité los auriculares que me aíslan del mundo y le empecé a prestar atención. Era todo ganas, la escuché pacientemente, como me iba a mejorar la vida, intenté prestar atención y mirarle directamente a los ojos.
Me hace gracia, me tengo que ir acostumbrando, a que me traten como un señor mayor al que le intentan solucionar la vida. Ataqué le hablé del mal día que llevaba, que venía de los juzgados y que me habían soplado mil cuatrocientos euros y que estaba para poca cosa. La chica, supo reconducir el relato, lamentando mi mala suerte y reconduciendo hacia los cincuenta euros que me iba a dar, el cuatro por ciento de bonificación en tickets Carrefour y un precio estable que iba a hacer las delicias de mis electrodomésticos.
Me arrimé a la mesa, tenía un compañero, bajito, con barbita, también vestido igual, que estaba el pobre parapetado, este si rehuía la mirada, se ve que no estaba cómodo. Todos hemos pasado por ello. Mi "asesora", era incisiva, me pidió datos, le comenté que el contador ni estaba a mi nombre(es verdad, tengo la tarifa de un señor que en la actualidad batiría récords de longevidad)
Me habló de las ventajas del mercado libre, yo sé que no es así, mi precio oscila por el mercado, me habló del precio medio y el consumo sabiendo siempre lo que voy a pagar, yo ya sabía que no era verdad, soy el monstruo del ahorro, no quiero regalos que luego me salen caros, pero le seguí el rollo un poco más, me estuvo explicando las bondades del mercado libre y bueno transigí aunque tenía el firme convencimiento de que no iba a hacer nada de nada,
Hubo un momento, en el que apuntó mis datos en una pequeña libreta, y de un bloque de post-it(que complicado recordarlo, he tenido que mirarlo y todo) y me fijé en un detalle, que hizo automáticamente deshacerse toda la magia que hubiese podido haber. Sus manos, eran pequeñas y regordetas, de palmas pequeñas y dedos gorditos, sin distinción casi entre falanges, por un microsegundo, me pasó por la mente la relación de una polla con esas manos, lo bloqueé. Entenderme, una polla, cualquier polla, no la mía evidentemente, no quise pensar más en ello.
Doblé el papelito y lo metí en la cartera, viene su nombre y su teléfono que era tan nuevo que empezaba con muchos sietes, ahí se va a quedar, no lo voy a mirar, no voy a curiosear en su foto de WhatsApp, sus estados, no decir ya de buscar su Instagram. La sola idea de volver a presenciar un vistazo directo de sus manos, tan blancas, tan pequeñas, tan inflamadas y regordetas, mejor no pensar en su hígado, mejor no. No a todo.