Se miraron con extrañeza después de haberse acabado la botella de sake, los dumpings y el sashimi que formaban parte del escaso refrigerio, que no era más que una excusa para verse por primera vez sin mascarillas y lejos del entorno conocido que era el gimnasio. El le parecía exuberantemente guapo a pesar de sus años.
Se habían conocido ocho meses atrás en el gimnasio. Se apuntó por una amiga que la había dejado tirada a las primeras de cambio, por lo cual, cambió de horario, le gustaba más entrenar antes de las clases de posgrado que le ocupaba las tardes de días alternos. Y a la una, era una hora perfecta, ya salía duchada y lista para ponerse los cascos y delante de la pantalla digerir los contenidos.
Lo vio, bueno realmente se fijó en alguien que estaba haciendo no se que con la pesa rusa, fue un vistazo, pero no sabía porqué le hizo gracia, y se complacía en mirarle cuando se cruzaban a posteriori en las máquinas guiadas. Nunca intercambiaron más que un hola o un hasta luego muy esparcido en las escaleras alguna vez al cruzarse, pero la regularidad, era castrense.
Un día, la curiosidad le pudo y le preguntó porqué hacía lo de la pesa rusa, y explicó y explicó, le enseñó a practicar los movimientos esenciales, le pasó manuales, videos, y artículos. Como ya tenía su número, muchas veces, cuando ya la tarde y picoteaba distraida la cena repasando las noticias del día hablaban.