Halloween(4 de 4)

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Abundando sobre el mito de la noche de Halloween o noche de difuntos, se ha hecho referencia en muchas obras, aquí en España la más conocida y representada hasta hace bien poco que hemos caído bajo el dominio cultural anglosajón, es “Don Juan Tenorio” de Zorrilla que en su obra dividida en dos partes fundamentales, la segunda transcurre en un cementerio la noche de difuntos, en la cual como resumen de los actos, Don Juan se redime de sus pecados y se salva de ir al infierno por el amor que le profesa a Doña Inés. Totalmente inmersa en la temática romántica de la época, la salvación de las almas a través del amor, da un nuevo prisma a la tradición celta de la noche de los muertos.

Esta obra de Zorrilla es heredera de otra anterior de Tirso de Molina, pero aun así hunde más sus raíces en la noche de los tiempos de la cultura en letras hispánicas. Se citan dos obras que fueron antecesoras, “El burlador de Sevilla” en la que un Don Juan lo llamaban asi por “burlar a las damas y arrebatarle su honor” y “Tan largo me lo fiáis” También tiene raíces en el “Convidado de Piedra” todas obras que tenían su tradición de representarse en la noche de difuntos.
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Gustavo Adolfo Bécquer, también tiene su referencia a esta noche de difuntos en sus rimas y leyendas con el relato del “monte de las ánimas”, un enamorado en contra de su voluntad va a buscar una banda azul en la noche de difuntos al monte de las ánimas en la única noche que sabía que no era recomendable por capricho de su amada, Beatriz que así se llamaba la amada, pasa una mala noche desvelada por distintos sucesos y al amanecer comprueba con horror que la susodicha banda estaba en su mesilla ensangrentada sin rastro de su amado. El caballero fueron encontrados sus restos devorados por lobos y cuando acudieron a dar la noticia a la bella dama, estaba muerta petrificada asida a las columnas de su cama.

En otro orden de cosas, sucesos terribles han pasado en esta noche de difuntos, por ejemplo el terremoto que en 1755 sacudió Portugal y el sur de España, se encontró con las iglesias llenas de fieles celebrando el día de difuntos, convirtió el día en una auténtica masacre con miles de muertos aplastados o abrasados en los incendios que se sucedieron.
Este terremoto originó unos tsunamis que inundaron la costa y destruyeron la parte baja de la ciudad. El número de muertos se estima de entre 10.000 a 100.000 personas según fuentes de la época.
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Olas de quince metros llegaron a las costas de Huelva y Cádiz cobrándose también la vida de 2.000 personas y con cuantiosos daños materiales en los edificios de las ciudades que a día de hoy son perceptibles por ejemplo en la Giralda de Sevilla o la Catedral de Jaen.

Más atrás en el tiempo pero en la misma noche de difuntos unas inundaciones asolaron los Países Bajos inundando la ciudad de Utrecht, se calculan que unas 20.000 personas, perdieron la vida.

Como resumen de todo lo narrado en estos días, vemos que esta festividad que hunde sus raíces en la noche de los tiempos, que nació como culto a la muerte sigue perpetuando su identidad con el transcurrir de los tiempos, y aunque a día de hoy haya derivado por la mercantilización y banalización de la misma en una celebración para niños, no debemos olvidar su origen primigenio.

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