Decisiones, encrucijadas.

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“Volver a ser de repente,tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo, como un niño frente a Dios”(Violeta Parra)

Melisa, cumplía tal día como hoy cuarenta y dos años, no había mostrado signos de crisis de la edad madura como el resto de sus compañeras de trabajo, ocupada como estaba en la crianza de sus mellizos y en ascender en la escala de la Administración hasta llegar al puesto más cómodo posible que le posibilitara sus contactos, sus habilidades sociales y su nula vergüenza en ir más allá siempre que fuera necesario, el fin justifica una vez más los medios.

Con los suyos, frente a las velas del que iba a ser un feliz y rutinario más cumpleaños, en presencia de sus padres, de su hermana del alma, de su marido y de sus mellizos que con siete años seguían correteando alegremente como niños de guardería, les soltó el bombazo, estaba aburrida de la vida que llevaba, no quería que esto fuese un trauma para nadie pero en sencillas palabras a su marido le dijo que quería el divorcio, a sus padres que quería su herencia para disfrutarla en vida a sus hijos que a partir de ahora, iban a pasar más tiempo(todavía) con sus abuelos, a su hermana, que estaba muy bien eso de la lucha feminista, pero que se había enamorado hasta las trancas de un chamaquito,machista dominante, pendenciero y bebedor hasta el alba, que la trataba como una sucia fulana, todo reproches y sospecha pero que le hacía sentir en su interior una llama, que hacía años creía apagada.

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Finalmente, se fueron, todos como un cambio de plano de película,tardarían más pero estaba extásica en su liberación tras dos años de espera callada. El silencio inundó la casa, acompasado por un creciente frío que tomaba la ahora inmensidad de casa desocupada haciendo crujir levemente el parqué del suelo del salón, fuera, ni sonido de coches, ni perros ladrando, cuanto hacía que no estaba en silencio, que no se oía nada.

Ni se preocupó en ir encendiendo las luces, según iba cayendo la tarde y la noche iba tomando su acostumbrado relevo, una llamada breve, un solo tono y la voz de él, “ya está hecho, ya puedes venir, le dijo” y colgó, y se sentó, puso algo en la tele, sin mucho sentido una reposición de una reposición de alguna serie animada americana de éxito de personajes insoportablemente amarillos, y comió, comió tarta, su favorita “red velvet” con delicadeza. Se lo pensó mejor, y abrió el estuche de la cubertería de plata regalo de boda de sus suegros y con una linda cuchara sopera de plata con sus iniciales serigrafiadas(no había que cambiar nada, las iniciales de su nuevo amor y su futuro ex marido coincidían, siempre fue muy lista y económica, hasta para eso.)

Tardó el llegar,a pesar de sus ademanes lentos y la parsimonia con la que actuaba mientras pensaba o mejor dicho, no pensaba, se había comido casi toda la tarta, no tuvo la delicadeza ni de guardarle un trozo, fue más por gula y desidia que por desconsideración. Desde la puerta olía a bestia, a alcohol de garrafa, a sudor a suciedad, notó que humedecía las bragas durante el segundo justo que tardó en sin mediar palabra en darle la vuelta, subir su falda, romper sus bragas y sentirlo caliente y duro en su ano, mordisqueaba su cuello como una hiena los restos de una presa, y rafagas de tabaco negro y vodka barato le llegaban, no tardó en correrse, como casi siempre, los pechos le explotaban el simple roce de su sujetador con el manoseo salvaje de su mano, hizo que sufriera una multiplicación del orgasmo, como un bote de ketchup que parece vacío y aún conserva un par de buenos arreos, fue algo breve, salvaje, primitivismo puro. Eyaculó, se limpió sin ninguna consideración en su carísima chaqueta de zara, y se fue dormir a la cama, sin mediar palabra, solo un erupto y el sonido de gaita vaciándose de un triste cuesco.

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Ella sacó una tarrina de helado de chocolate belga con tropezones de la nevera, bajó el volumen de la tele, le dieron altas horas de la madrugada, de fondo se oía el sonido de bandoneón de sus ronquidos sordos, decidió dormir en el sofá, sola al fin, contenta, satisfecha, se cambió, seguía mojada.

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