A veces, la vida te marca un impasse, una desaceleración en el transcurrir de los días, que hay que asumir y aceptar, a la espera de nuevas fuerzas. Esto es lo que te da lugar a nuevas creaciones y nuevas aristas en tu forma de pensar, aunque el proceso total haya sido sólo en total, menos de quince días. Las series.
Las series, han sido parte del proceso, no es lo mismo el combustible que le des a tu cuerpo, al igual que no es lo mismo alimentarse a base de ultraprocesados que comer comida real y de proximidad y estación, pero claro como todo, requiere un proceso, hasta que las certezas te aplastan con su benevolente peso. Pues igual pasa con el descanso, el asueto en forma de series, que es parte del alimento del cerebro.
El cerebro, agradece los auriculares inalámbricos, los procesos de aislamiento que te alejan de encuentros indeseados, con otros seres, presas de cosas de las que eres ajeno. No es falta de empatía, es ausencia total de interés en tus patéticos intentos de volver a un pasado que ya no existe. Un pasado, que está igual de muerto que la persona que pierde la poca energía y dinero que le queda en una fatua recreación del mismo. La caverna.
La caverna, de Platón, es el reflejo de la realidad que transcurre, y de la cual sólo vemos las sombras y hacemos suposiciones, pero hasta para interpretar, hay criterios, por eso decía lo de las series. Quiero reseñar dos que me están haciendo pensar o me lo han hecho. El tercer día, una puta obra maestra, tan necesaria como su interludio de teatro inmersivo, para un total de siete episodios que explica, muchas cosas de lo absurdo de las creencias, que siempre tienen un trasfondo de verdad, que nos ata a ella.
Dark, la serie alemana, que me ha costado entrar y que ahora disfruto en píldoras máximas de un episodio al día para no perder el hilo de la alámbricada trama que bueno que realmente son tres o cuatro planos de espacio tiempo y tres o cuatro familias interaccionando entre sí. Se ve que no habéis jugado mucho a juegos de rol, es normal, se os atasca.
Mi personaje favorito, Hannah Kahnwald, la madre del viajante en el tiempo , aparte de parecerme bellísima, tiene un personaje de una gran carga dramática, mucha oscuridad, pero mucho amor, muy contraproducente, lo dicho, me encanta.