Ha llegado el momento de recibir (después de un mes) con un fuerte aplauso el año 2019. Año nuevo, propósitos nuevos, trabajo nuevo, emprendimientos nuevos, coche nuevo, sueños nuevos, calzones nuevos y por lo general, todo es nuevo. En enero se respira un aire diferente al resto de los meses del año. El optimismo y el entusiasmo se asocian; para yacer tranquilos en la atmósfera.
La gráfica nos muestra que la motivación alcanza su punto más álgido en el primer mes del año.
El buscador de San Google, ansía nuestras oraciones más fervorosas. Esperamos que su milagrito tome apariencia de un instructivo. Es más fácil seguir pasos, que seguir consejos (eso creo).
Queremos encontrar la receta mágica que nos garantice el resultado deseado. Le damos la libertad al punto 1, de dirigirnos hacia el punto 2; asimismo con la misma libertad el punto 2, nos lleva al punto 3. Parece que nos dejamos llevar por un perro guía; cuyo dueño deposita toda su confianza en él. Y no es que estemos ciegos, sólo nos falta un poco de conocimiento sobre nosotros mismos. No consideramos nuestro entorno, organización, hábitos, fortalezas y debilidades. Seguimos fielmente las huellas del algún gurú financiero, maestro espiritual o sensei de la psicología.
Y allá vamos, recorriendo con fe esa serie de pasos. Un algoritmo incrustado en una realidad subjetiva, que deja a su paso secuelas considerables en nuestro proceso. Somos tercos (pero eso sí, con mucha fe) y nuestra galaxia infinita queda en manos de fórmulas perentorias. Todo nuestro potencial humano; se reduce a seguir una secuencia de pasos.
Después de un tiempo, los resultados esperados nunca llegan. Probablemente los pasos a seguir no se adaptaron a nosotros o nosotros a ellos. Al no lograr ese resultado tan deseado, la motivación comienza a descender poco a poco. En febrero, la motivación empieza a separarse en pequeñas partículas de oxígeno, mezclándose con el frío invernal. Por lo tanto; generamos sentimientos negativos hacia el gurú o hacia la serie de pasos.
Ese halo de energía negativa nos acompaña a todos lados. Y como es de esperarse, las cosas se mantienen igual o peor.
Sin embargo, si le conferimos otro nombre al punto A y le llamamos infancia; al punto B le asignamos el nombre de adolescencia y al punto C se lo cambiamos por adultez. Donde la línea que los une, representa las experiencias que hemos vivimos; para las líneas curvas tendríamos los buenos momentos y para las líneas rectas los malos momentos. Y si a eso le asignamos dirección y sentido. Los cuatro puntos cardinales expresarían: miedos, sueños, risas, llantos, decepciones, anhelos, tropiezos, victorias, frustraciones, amores… ad infinitum.
Verbigracia, no todos nos regimos por el ciclo de la vida. He conocido a padres que sepultan a sus hijos, que no tuvieron la posibilidad de llegar a la pubertad.
Llegar por el camino más corto, no necesariamente implica que sea lo más adecuado. De repente el principito hizo escala en mi planeta y me obsequió ésta frase:
En línea recta no se puede llegar muy lejos.
La vida con sus múltiples matices, sólo se limita a seguir sus propias leyes; no entiende el significado personal que nosotros intentamos otorgarle.
Los problemas a los que nos enfrentamos día a día no cuentan con un procedimiento algorítmico de solución. Es por eso que nuestros tropiezos son más frecuentes que nuestros aciertos. Es aquí donde el poder del verbo puede modificar el enfoque del problema. Propongo reemplazar el verbo seguir, por los verbos: hallar e inventar. Estos dos verbos nos conectan de manera involuntaria al método heurístico.
Si eres de los que comen dos tortas, cinco tamales y una orden de tacos a cualquier hora del día… aaah y no puede faltar el refresco light (para eso de la dieta). Probablemente tengas algún contratiempo con tu peso.
Para bajar de peso, no deberías seguir los pasos de tu artista favorito, que en sus ayeres tenía de compañera a la obesidad. Sus causas, son muy diferentes a tus causas.
Manos a la obra. Podrías intentar reducir la cantidad de alimentos que ingieres. Si comes dos tortas, sólo come una. Puedes comer tres tamales y sólo dos tacos. Si eso no funciona y sigues siendo talla cuarenta y oso. Intenta sustituir el refresco light por agua natural. Y si tampoco funciona eso, comienza a caminar 20 minutos al día. Y si aquello si funciona, y has conseguido verte y sentirte mejor; habrás creado tu propio método para bajar de peso.
Acompáñenme a dar un paseo a una vida sin reglas, sin instructivos y sin pasos a seguir. Rechacemos la idea que nos impone la sociedad y la familia, de cómo vivir la vida. Vivamos como queramos vivir. Si nos caemos, equivocamos, ensuciamos o nos perdemos, debemos tener el consuelo de haber creado nuestro método. Recibir un abrazo del descubrimiento personal, es sencillamente una sensación maravillosa.
Desearía que no existieran los libros de reglas y teorías. Preferiría un millón de veces, no un libro para leer; sino un libro en blanco, para poder escribir mi propia historia.