En mi propia experiencia, puedo decirles que casi siempre me he distraído en todo lo que hago. Planeo invertir un tiempo determinado para hacer las cosas y no invierto el tiempo real que tenía pensado. Sólo gasto un reducido fragmento de tiempo en mi tarea.
Tic, tac, tic, tac, el tiempo avanza. La música no debe faltar en una buena sesión de estudio. Una de mis canciones preferidas cubre el aire que me rodea. Es inevitable no cantar esa canción que me trae gratos recuerdos. Canto a todo pulmón, quiero que me escuche todo el mundo y si no puede escucharme todo el mundo, canto otra canción hasta llegar al menos a los oídos de mis vecinos. El esfuerzo hace que mi garganta comience a doler. Una acción paliativa es, dirigir mi atención a lo que estaba haciendo anteriormente; estudiar.
Tic, tac, tic, tac el tiempo avanza. Inesperadamente en la pantalla de mi computadora, mis ojos descubren una nueva e interesante notificación. Un clic desvela la encantadora selfie de mi amor platónico del catecismo. Mi eterna enamorada Jennifer Anayansi. Como le han ayudado los años. Se ve radiante y feliz. Aunque mi querida Jenny alias “La Jenny” no se digne a hablarme, verla una vez más en mi monitor HD, no tiene precio.
Suena la alarma de mi reloj, las dos horas se han consumado. El tiempo se pasó volando. Con una sonrisa dibujada en mi angelical rostro, que representa el éxito por haber concluido el tiempo estipulado. Me levanto de mi asiento y salgo de mi casa para eliminar el estrés provocado por el estudio.
¿En serio creen que invertí dos horas a mi estudio?... ¡No, para nada! , les mostraré el tiempo que destiné en realidad.
A esta conclusión llegamos: me concentré por 50 minutos o menos a estudiar, y más de una hora me hice bien wey. El punto álgido de distracción es evidente. Sabemos que para todo tipo de problema existe una solución. La técnica de pomodoro podría rescatarnos de nuestros malos hábitos y nos permitiría aprovechar el tiempo que le asignemos a una tarea.
Es un método para mejorar la administración del tiempo dedicado a una actividad. El objetivo de este método es reducir las interrupciones y mejorar la concentración. Esta técnica fue creada a finales de los ochentas por Francesco Cirillo. Persona sumamente distraída, que cansado de no concentrarse; buscó la manera de poder hacerlo. De modo que tomó un temporizador de cocina en forma de tomate (pomodoro en italiano), para saber el tiempo que quería invertir y asimismo que le anunciara cuando el tiempo se consumara. La naturaleza de la técnica es trabajar enfocados y tomar breves descansos.
La idea que sustenta esta técnica es la sincronía entre los modos de pensamiento. Por un lado tenemos el modo enfocado y por el otro, el modo difuso.
El modo enfocado ocurre cuando nos concentramos, nuestro cerebro consciente está completamente ocupado en una tarea. Ejemplo de ello: estudiar, resolver problemas, memorizar, aprender.
El modo difuso es cuando nos encontramos haciendo una actividad de forma vaga. Pensamos sobre lo que tratamos de estudiar o resolver, no estamos razonando de manera consciente nuestro problema. Algunos ejemplos de esto: cocinar, contemplar el paisaje, escuchar música, correr, descansar y el más importante de todos, dormir.
Veamos como funcionan estos dos modos de pensamiento, en una situación concreta.
Cuando intentamos resolver un problema académico, y después de mucho tiempo concentrados, simplemente no podemos resolverlo. Pasa el tiempo y seguimos estancados sin encontrar la respuesta. Nos frustramos y lo dejamos a un lado. Posteriormente salimos con nuestros amigos a platicar o por una cerveza. O simplemente salimos al parque a caminar un rato y de la nada… ¡Eureka! Hayamos la solución.
Luego de explicar la magia que hay detrás de esta técnica, ha llegado el momento de expresarla por medio de 6 sencillos pasos.
Paso 1.- Crear nuestra lista de actividades del día.
Paso 3.- Concentrarse en la actividad.
Paso 4.- Marcar la actividad que se concluyó.
Paso 5.- Después de terminar los 25 minutos. Será necesario tomar un descanso de cinco minutos.
Está técnica parece inflexible y para poder aplicarla debemos conocer nuestras capacidades de concentración. Se emplean 25 minutos, porque el autor considera tiempo suficiente para estar 100% enfocados, sin fatigar la mente (puedo constatarlo). 25 minutos pueden ser muchos o pocos minutos para hacer una tarea. Dependerá totalmente de nosotros. Tenemos la facultad de crear nuestros propios pomodoros de 10, 15, 45, 60 minutos o más, de igual forma nuestros descansos. Manteniendo intacta la esencia del proceso; enfoque y dispersión. La técnica siempre se debe adaptar a nosotros, y no al revés.
La técnica de pomodoro coadyuva a enfrentarnos a tareas mecánicas, pesadas, aburridas y repetitivas. Maximizando la productividad en poco tiempo. Esta técnica no tiene cabida para tareas, cuya inspiración se manifieste en una de las seis bellas artes.
Un enfrentamiento directo entre la calidad y cantidad es ineludible. Invertir más tiempo en una tarea no es sinónimo de productividad. Al contrario, emplear algunas horas al día estando enfocados, podremos ver mayores resultados.
La técnica produce las variables, tiempo y rendimiento. Poco tiempo es igual a más rendimiento, la ecuación divina. Pregunta: ¿Cuántos de nosotros hemos aprendido a despejar “x”, la revolución mexicana o la vida de Tutankamón una noche anterior al examen? teniendo todo un semestre, trimestre o cuatrimestre para aprenderlo. Levanto mi mano derecha con un poco de vergüenza, para afirmar que lo he hecho, pero eso es lo de menos. Nos damos cuenta que funciona estar verdaderamente enfocados. Aunque no es saludable estudiar un día antes de la prueba, porque la presión desmesurada puede tener estragos. A todas luces resulta contraproducente, sobrecargamos nuestro cerebro. Aprobamos el examen a costa de nuestra salud.