La testosterona y los estrógenos eran los actores principales de esa etapa. Era el principio de grandes cambios físicos y psicológicos. Una etapa muy difícil para cualquiera de nosotros; emocionalmente inestables, buscando aprobación constante del mundo entero, intentando imitar modelos de comportamiento, entre otras cosas. Obstáculos que dificultaban nuestro andar, hacia la adultez.
El entorno condiciona de manera considerable el desarrollo del ser humano. En aquello días mi entorno era reducido, constaba de cuatro partes: mi familia, la escuela, mis amigos y la televisión. Hoy en día, los adolescentes se enfrentan a un entorno amplificado. Su entorno de la gran mayoría de ellos, consta de mayores partes, como son: su familia, su escuela, sus amigos, la televisión, el internet y los celulares. Estos últimos son la piedra angular de toda la decadencia de esta generación.
Los posmilenials o generación Z (niños que nacieron después del año 2000), han adoptado la tecnología desde sus primeros pasos. La combinación mortal entre internet y el teléfono celular han hecho que esta generación: viva, respire y sueñe con el mundo virtual. Una distopía que tiene pinceladas de realismo; incitando nuestro miedo y desesperanza.
Los humanos somos seres sociables por naturaleza, convivimos y compartimos con nuestros pares. La tecnología ha ido en contra de ese comportamiento antropológico, provocando el aislamiento en los individuos. A través de un tap se da la falsa sensación de comunicar y compartir con la gente que nos rodea. Los efectos de esta absorbente tecnología no sólo perjudican la parte social del adolescente, también deterioran la parte emocional, física, psicológica, sexual e intelectual.
El teléfono celular forma parte de su indumentaria, un accesorio indispensable en su cotidianidad. Desde que amanece hasta que anochece, el celular los acompaña a todos lados. Invierten grandes cantidades de tiempo; revisando sus redes sociales, sus chats y capturando cada detalle de su vida.
• La gratificación instantánea es su bandera. La paciencia no va con ellos, no les gusta esperar. Quieren todo rápido y fácil.
• Cero tolerancia al fracaso. Generalmente la gente en redes sociales, vende un estilo de vida triunfador. En esos sitios nadie habla de fracasos, hablar de ellos es sinónimo de ser un perdedor. ¿Y quién quiere ser un perdedor?
• Pierden capacidad de asombro. Navegan en aguas convertidas en imágenes, sonidos y efectos especiales. Viven en un mundo color rosa.
• Se encuentran en modo: automático, el mejor ejemplo de un zombie del siglo XXI.
• Carecen de identidad. Están perdidos buscando definirse, su identidad depende del youtuber, del bloguero, del actor, de la actriz, del cantante, del deportista favorito. Son una mezcla de todos ellos.
• Felicidad endeble. Su felicidad depende de lo que la gente piense de ellos. Construyen su felicidad en cimientos imaginarios.
• Olvidan contemplar la vida: con sus matices, sus olores, sus formas, sus sonidos y sus colores.
• Nueva adicción. No pueden ser y estar sin celular, lo contrario genera: ansiedad, depresión, estrés y preocupación.
• Narcicismo selfie. Posan a todas horas, se toman fotos de todos los ángulos que existen y usan un sinnúmero de filtros, para impresionar a los demás con su guapura.
• Cero críticos. Se tragan todo lo que les des, sin preguntar, y sin decir nada. Su pasividad causa terror.
• Seguidores. Siguen modas, siguen marcas, siguen retos y personas superfluas. Tienen un ADN seguidor que los imposibilita de tomar sus propias decisiones.
• Homogeneidad. Todos visten igual, comparten y dicen las mismas cosas.
• Falta de concentración. Pierden el foco de atención en minutos.
• Cero lenguaje corporal y verbal. Su cuerpo y sus palabras sólo adornan su existencia. Su problema de comunicación es grave.
• Falta de contacto humano. Su piel sólo explora artefactos tecnológicos. El contacto piel a piel muere lentamente.
• Ñoñismo. La falta de movimiento hace que su cuerpo no responda. No se coordinan para correr y mucho menos practican algún deporte.
• Obesidad. Llevan una vida sedentaria, pasan mucho tiempo sentados o acostados.
• Exceso de información. Creen saberlo todo, pero no han aprendido a digerir esas toneladas de información. A veces resulta contraproducente demasiada información.
• Sentimientos elevados. El verbo amar lo desgastan hasta que pierde valor. No lo usan como superlativo de una emoción. Aman con palabras y no con hechos.
• Pornografía. Esta industria sigue educando a más generaciones, la diferencia radica en la facilidad para acceder a ella.
Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá una generación de idiotas.
Una generación acostumbrada a ver hacia abajo; olvidan que de vez en cuando hay que mirar al cielo, porque es ahí; donde nuestros más grandes sueños…nacen.