Y un día me llamaron poeta, sólo por quererte,
por tener una ilusión latiendo en lado correcto
y me creí por completo que la gloria de tenerte
era lo que me hacía más feliz y más pleno.
Un día me llamaron galante sólo por sonreírte,
y ponerme el brillo de la alegría al encontrarte.
Me llamaron tonto, sólo por herirte,
con aquel error fútil con el que pude tropezarme.
Y me llamaron loco por perderte
imbécil por cometer un error
me pusieron bien lejos
la mesa para amasar el perdón.
Me apodaron idiota
por dejarte partir,
también imbécil
por reconocer,
que un mal día
el amor de mi vida perdí,
por pararme en otra fuente
y disponerme a beber.
Y un día llamaron a mi puerta y sólo por temor
me quedé aterrado sin encontrar el valor
para abrir y mirar de frente el rencor
de quien mira a quien ha traicionado su amor.
Un día me llamaron poeta, por ese amor
Hoy ya quien me recuerda, me llama traidor.
Foto propia