Recientemente, me he sentido muy reflexiva, y es que, por cuestiones de reposo, me ha dado harto tiempo de pensar.
¿Se acuerdan de que les conté que se me partió un colmillo? Bueno, a partir de ese acontecimiento decidí tomar las riendas en la solución de la reparación de mi sonrisa. Gesto alegre que me caracteriza, porque siempre estoy con los dientes pelaos (es decir, sonriendo). Me vi con la doctora y planificamos la fecha para la extracción de la raíz. Yo, en vista de que tenía también un par de muelas dañadas de hacía mucho tiempo (no me dolían ni nada) aproveché para que me las sacaran también. Y así regresé a mi casa con más huecos que un colador.
Pensé que era pan comido, que me recuperaría en un santiamén. Pero no. El primer día lo pasé con el dolor vivo, porque mi cuerpo no asimiló el analgésico. Ya por fin en la noche consiguieron uno que sí me calmó y dije: "¡Qué vivan las drogas!"
Al día siguiente me sentí mucho mejor y pensé: "Listo, prueba superada" Así que me activé en mis quehaceres de mamá y de trabajadora en nuestra venta de hamburguesas. Eso sí, me cuidaba de comer con cuidado, de no hacer fuerzas y de no agachar la cabeza como tantas veces me lo aconsejaron. Pero igual, no fue suficiente. Al cuarto día estaba muy adolorida, no podía ni abrir la boca. Me hinché muchísimo. Mis pies parecían de elefante.
Así que decidí que lo mejor era no moverme y hablar lo justo. Bueno, más que decidir, era lo que mi cuerpo me obligó, porque me dolía sonreír, hablar, masticar y pensar. (Por eso no escribí casi en Holos) Y a partir del momento en el que me tomé las cosas con calma y no hice nada más que respirar y existir, fui mejorando increíblemente.
Gracias a Dios, cuento con la ayuda de mi esposo, que se ha encargado prácticamente de todo, y de mis dos niñas que aunque están pequeñas, me han colaborado muchísimo. Hasta mi hijo menor se activó y se puso en modo "Ayudar a mami".
La ambulancia necesitó estacionarse unos días:
Siempre he sido una ambulancia. Lista para ayudar a todos, lista para correr y prender mi alarma, iiiiiuuuuuiiiiiiuuuuuiiiiiuuu, y solucionar. No estoy acostumbrada a no hacer nada. Me siento inútil y no soporto ver cómo se me acumulan los quehaceres. Supongo que por eso me costó hacer el reposo. Pero mi cuerpo me reclamó con fuerza y me tuve que quedar quieta.
Si veo algo tirado en el suelo, resisto la tentación de agacharme a recogerlo y llamo a alguno de mis hijos. Las cosas pesadas las ignoro, y eso que hasta una jarra para el agua es considerada pesada en estos casos. No me acerqué más a los fogones y así con muchas cosas me obligué a no hacer nada. La diferencia en mi recuperación fue increíble.
Lo difícil es no reírme. En casa son muy chistosos, aparte de que yo me rio por cualquier cosa. Mi mamá está en casa y eso me reconforta, pero me hace reír muchísimo, así que me ha costado hacerme la loca y aguantar la risa.
Todavía hoy no estoy al 100%. Hoy se cumple una semana de las extracciones y ya el dolor se podría decir que es mediano, es decir, en una escala del 1 al 10, va por el 5. Todavía tomo los analgésicos. Ya terminé el antibiótico. Me siento mejor. Hoy amanecí con los pies menos hinchados, ya no parezco elefante.
El deseo de mi abuela: Salud.
En una de estas noches, mientras el dolor me aguijoneaba y mis hijos querían mi atención, me sentí mucho más inútil e impotente, pues quería sentirme bien para escuchar las historias que me contaban o ver con emoción las nuevas piruetas que se habían aprendido o simplemente disfrutar de un nuevo dibujo que habían hecho. Hasta el simple hecho de ir a decirles buenas noches a su cuarto me costaba. Entonces pensé: "Qué importante es sentirnos física y mentalmente bien, no solamente por nuestro bien, sino por el de nuestros hijos, que nos necesitan", deseé con mucha fuerza sentirme bien para seguir siendo la mamá que ellos merecen.
Entonces recordé a mi abuela materna en su última Navidad. Estábamos reunidos en la cena del 24, y cada quien pedía deseos. Deseo, prosperidad y mucho dinero. Deseo viajar este año que viene. Deseo un trabajo bien pagado. Deseo muchos juguetes, decía algún niño. Deseo esto, y esto otro. Cuando le tocó el turno a mi abuela, ella dijo: "Yo solo deseo salud, para mí y para todos" Y yo pensé, ¿solo eso? Yo seguí en mis intenciones para el próximo año deseando nuevas cosas.
Mi abuela falleció 16 días después. Y hoy en día considero tan valioso ese deseo, que me uní a sus peticiones, y también pido y agradezco a Dios Padre por mi salud y la de la gente que amo. Salud perfecta, como dice mi tía materna.
Así que, queridos amigos. Vamos bien. Les deseo salud perfecta a todos y les aconsejo que no sigan mi ejemplo de ser ambulancias todo el tiempo. De vez en cuando hay que estacionar, echar gasolina y hacer mantenimiento. La salud es una de nuestras principales anclas de bienestar.
Abrazos a todos.