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Quizás no era tan bonita
para ganar un concurso,
pero mi alma se empeñaba
en ese amor tan porfundo,
y transformó a esa mujer
¡¡¡en la más bella del mundo!!!
¡Cuántas veces me oponía
a lo que decían algunos,
de que había mujeres bellas,
y al ver rostros tan venustos,
supe que como ese de ella
nunca existiría ninguno!