Y, en ese momento, ambos se dieron cuenta, tanto el canino como la humana, de que una gran distancia los separaba y a la vez los unía; la naturaleza los juntaba nuevamente, sus ojos se observaron por primera vez en muchísimo tiempo.
Sus miradas decían una simple cosa; cosa que aliviaba aquél único y efímero temor que habían tenido.
Habían pasado toda su vida, creyendo que estaban solos, que eran como el típico lobo solitario de las películas, habían pasado toda su vida, buscando a alguien que les demostrara que no estaban solos.
Habían pasado toda su vida, separados.
Ahora estaban uno frente al otro, queriendo cruzar la línea.
Ahora estaban tan cerca, pero a la vez tan lejos. La nieve podría hacer que sus pies resbalaran y cayeran inevitablemente al acantilado.
Un aullido llamó la atención del lobo blanco, el cual no paraba de cuidar a la chica con sus hermosos ojos grises.
"Ven conmigo" Pareció escuchar la muchacha, la cual estaba deseando con todo su ser poder saltar.
"Salta." Escuchó nuevamente, esta vez más fuerte, con más ganas, aquella voz hizo que se estremeciera.
Su hermano lobo la estaba invitando a que se uniera, a que reviviera lo que le habían enseñado sus padres. Le estaba rogando que fuera con él.
"No puedo, no soy como tú." Gritó la humana con todas sus fuerzas, pero muy en su interior creía que aquél era su lugar.
El llamado de los lobos sonó nuevamente, aquél aullido provocó que su piel se erizara, que un sentimiento creciera en su pecho.
Ella no estaba sola, lo sabía.
Entonces ocurrió lo más esperado, la soñadora retrocedió unos cuantos pasos y empezó a correr, aquella carrera decidiría si aquello era o no su destino.
Por un momento sintió una especie de metamorfosis, ya no corría en dos piernas, corría en cuatro patas, ya no tenía piel, tenía pelaje, ya no era una humana, era un lobo.
Cuando estuvo a punto de llegar a la orilla dudó un poco, pero aquella voz se escuchó nuevamente diciéndole que confiara, y así hizo.
Cerró sus ojos fuertemente cuando saltó y el fuerte impacto de la fría nieve contra su cara la despertó.
Estaba del otro lado. Podía oler la libertad con su hocico.
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