Un pueblo es algo lo suficientemente importante, como para llevarse en un rincón del alma y considerarlo un tesoro inapreciable que irá siempre con nosotros, sin importar cuál sea el rumbo que tomemos en la vida.
Por eso, no resulta extraño que seducido por la sensibilidad, poetas como Miguel Hernández, se dejaran llevar por aquéllos melancólicos versos, donde se sienten arrastrados por los vientos del pueblo.
Esos mismos vientos y ese mismo pueblo, que nos llevan, que nos arrastran, que nos esparcen el corazón y que nos aventan la garganta.
Porque un pueblo es algo más que una acequia vacía o una ruina al pie de la colina o un pequeño cementerio detrás de la vieja iglesia.
Un pueblo es siempre un sentimiento un pueblo eres tú y es también aquél y soy también yo.
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