Si hay dos cosas que llamen inmediatamente la atención cuando se visita ese viejo e hidalgo pueblo castellano, que es Coruña del Conde, no son otras que un viejo reactor norteamericano –posiblemente un F80 Shooting Star, malherido en la guerra del Vietnam, rematado por el Ejército del Aire español y que ahora contrasta desde su pedestal, recortado contra los arruinados lienzos de su viejo castillo- y ese circunstancial híbrido artístico, que es su curiosa ermita dedicada a la figura del Cristo de San Sebastián.
Románica y romana a la vez, ésta curiosa ermita constituye uno de esos singulares ejemplos, que comparativa y metafóricamente hablando, probaría esa famosa Ley relativa a la materia, que afirma que ésta ni se crea ni se destruye, sino que tan sólo se transforma.
Porque, dejando a un lado el atrevimiento de esta afirmación y así lo atestiguan los numerosos restos, se reutilizaron elementos de las ruinas de la vecina ciudad romana de Clunia.
Detalle, que vendría a confirmar, también, ese viejo dicho popular que asevera que quien tiene hambre con pan sueña y en éste caso, si te puedes ahorrar un euro, poco o nada importa la aberración que estés cometiendo.
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