De los poemas sobre el amor escritos en Hispanoamérica durante el siglo XX, "Los amorosos" del poeta mexicano Jaime Sabines es quizás el que más aprecio, no solo por su carácter prosaico (de prosa), alimentado por lo cotidiano, sino, especialmente, por su visión poco habitual y trillada, lejos de esa "almibarada" en la que se incurre con tanta frecuencia entre los que publican "poemas de amor". Siempre hay que recordar lo que le decía Rilke al joven poeta en su primera carta (Cartas a un joven poeta).
Hace unos años, quise hacer un tributo a ese poema de Sabines y escribí unos brevísimos ejercicios poéticos (hasta ahora inéditos), casi estrofas, como está estructurado su poema. Aquí se los dejo.
Los amantes caminan sinuosamente,
se aproximan a los ocasos,
vuelven la vista al espejo
y se fragmentan.
No hay amantes en permanencia,
sino imágenes ganadas
o perdidas
en el tráfago del camino.
A los amantes les pesa
saberse destino disuelto,
amago sin respiración perdurable.
Los amantes son ángeles caídos.
Esconden sus alas chamuscadas
para que siga existiendo
el noble y perdido amor.
Solo en el resguardo
de las tibias paredes,
de las tersas sábanas,
existen los amantes.
Las calles y sus ciegos ojos
los calcinan.