Ese punto azul pálido.

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Llega el 31 de diciembre y a todos nos invade esa instintiva necesidad de hacer balance. Necesitamos realizar una labor introspectiva. Nos planteamos algunas preguntas que, disfrazadas de mundanidad, esconden cuestiones trascendentales.

Recordamos aquellos juramentos que realizamos a principio de año.

"Este año me apunto al gimnasio"
"Este año dejo de fumar. Sí o sí."
"Este año le pido que se case conmigo"

Echamos la vista atrás y averiguamos si hemos cumplido lo prometido. Analizamos nuestros aciertos y nuestros errores con la esperanza de obtener un saldo positivo, de obtener algo con lo que apaciguar a nuestra conciencia.

No podemos evitar, que por algunos instantes, nos asalte la nostalgia. Acuden a nuestra memoria aquellos seres que ya no están. Nos han faltado todos y cada uno de los días que han conformado el año que se va, pero ahora su ausencia se torna en algo real, casi tangible.

Pasa otro año y se agranda la brecha que nos separa de aquellos sueños que no se cumplirán. Cerramos los ojos y podemos apreciar con todo detalle la imagen de ese hombre o esa mujer que pudimos ser, pero que no seremos jamás.

Hoy tocan las reflexiones profundas, las preguntas importantes y el dolor de la aceptación. Pero durante el año….Ay, durante al año….

Durante el año nos anestesiamos con lo fatuo de nuestras diferencias.

"Yo soy español y tú catalán."
"Yo soy hombre y tú mujer."
"Yo tengo razón y, obviamente, tú no."

Si pudiéramos ser conscientes de lo fútil de nuestra existencia, de lo absurdo de nuestras diferencias, disfrutaríamos de una vida más plena, de una convivencia en armonía. Si pudiéramos aceptar nuestra pequeñez, si pudiéramos aceptar lo poco que le importa al Universo nuestro dolor o nuestros anhelos, seríamos capaces de exprimir nuestra vida hasta extraer la última gota. Podríamos vivir con la certeza de que, como individuos no somos nada, pero como especie somos únicos y excepcionales.

Mi conclusión es que esta autoevaluación anual nos puede servir para algo más que un compendio de éxitos y fracasos. Podemos dejar de enumerar las cosas que queremos tener en nuestra vida y centrarnos en cómo queremos vivirla.

Me gustaría participar en vuestro trance introspectivo y escribir unas palabras que sirvan de guía. Pero eso ya lo hizo alguien antes que yo, y con una lucidez inalcanzable para mí.

Inspirado por una foto de la tierra tomada por la "Voyager 1" desde 6.000 Millones de kilómetros de distancia, Carl Sagan escribió uno de los, para mí, más importantes discursos de la Historia de la humanidad.

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Ese punto azul pálido.

Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez oíste hablar, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.

No pido paz y amor para todos, porque eso depende de nosotros. Solo pido una larga y próspera vida a ese diminuto punto azul pálido.

Fuentes:
https://es.wikipedia.org/wiki/Un_punto_azul_p%C3%A1lido

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